SALUDO Y BIENVENIDA

Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018 cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un auténtico flash emocional... 

Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa, arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os tomáis la molestia de visitar estas páginas.  Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho- al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran haijin. 

Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".

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2/02/26

REFLEXIONES SOBRE EL TAIKO Y LA EDAD

Ayer celebraba mi cumple (72) con los Kamidaikos en el dojo de Delicias y comentaba con nuestra directora Kumiko hasta que edad se podía tocar el taiko, que es un tema que me ocupa (supongo que por razones biológicas) desde hace un tiempo: "Hasta que te mueres, si quieres" o "algunos se mueren tocándolo"; pero yo me referia mas bien a cómo se siente o se vive el taiko, o se ejecuta, a partir de cierta edad.


Hokusai 1878


Do-don retumban
tambores del matsuri
bajo la lluvia.

Takahama Kyoshi



En estos últimos tiempos he podido conocer algunas lecturas y opiniones sobre el tema, que hoy comparto, vertidas por maestros taikistas como Seiichi Tanaka, Eitetsu Hayashi y algunas escuelas tradicionales de Japón y su emigración extranjera. Y estamos hablando ahora del taiko como camino filosófico y emocional, no como exigencia física.  En resumen...


Seiichi Tanaka y Eitetsu Hayashi



En la infancia, la filosofía central es descubrir y jugar con el ritmo. El taiko es un juego corporal que no busca perfección, sino coordinación, energía y alegría. El énfasis está en sentir el ritmo más que entenderlo.

Las expectativas del niño son la diversión, el ruido y el movimiento. También, sentirse parte de un grupo. Es una fase que los maestros emplean para enseñar normas y disciplinas sociales y musicales con sutileza, sin que se note.


En la adolescencia el leit motiv es la búsqueda de identidad y pertenencia, y las expectativas se dirigen a canalizar la energía y las emociones, ser visto, pertenecer, destacar y, desde luego, auto-retarse en el plano físico.

El taiko se vuelve expresión personal. Aparece el ego -para bien y para mal-: querer tocar fuerte, rápido, perfecto. Muchos encuentran aquí la tribu con la que identificarse y una forma de decir aquí estoy.


En jóvenes y adultos tempranos domina más bien la idea del dominio del tambor y el dar sentido o propósito a esta expresión artística. Aquí el taiko se toma ya en serio. Se ensaya duro, se sufre un poco y se busca excelencia. Para algunos se plantea como camino profesional; para otros, una disciplina que estructura la vida.

Es decir, se busca alcanzar una técnica sólida, entender el porqué de la tradición y también, disfrutar de la adrenalina estimulante del escenario, los viajes o el reconocimiento.


En los adultos y la madurez lo más importante suele ser el equilibrio personal y la profundidad emocional, la presencia consciente y la transmisión de conocimientos.

Las expectativas están más bien en conceptos como la conexión cuerpo-mente, mantener la vitalidad corporal y disfrutar del momento; también la constancia, dar más valor a la comunidad que al ego, buscar significado a las cosas y compartir conocimientos. El taiko deja de ser “demostrar” y pasa a ser sostener junto a otros. Se valora cada vez más el espacio, el silencio, la respiración, tocar junto a los otros. Empieza a ser meditación sonora en movimiento; menos golpes pero con más intención.

"Los grandes maestros parecen tocar poco, pero cada golpe pesa como una montaña".


El taiko después de los 70. Ya no se toca para probar o demostrar nada. Se toca para "estar ahí", y el golpeo no busca la fuerza o la precisión, sino la presencia. Es más una práctica de vida que una exhibición.

Quizá el cuerpo pida más cuidados, pero la intención es más clara que nunca. El grupo deja de ser un espacio de competencia y se vuelve comunidad viva. Se contribuye a mantener el pulso emocional del grupo y a escuchar, más que golpear el tambor.

El taiko pide ahora más "verdad": tocar con economía de movimientos; afinar postura y respiración; respetar los silencios y, en definitiva, armonizar cuerpo, espíritu y grupo.



* * * 



Como señala Tanaka “el taiko no se toca igual a los 20 que a los 60”, y eso no es una pérdida, es una transformación. El foco se desplaza del rendimiento físico inicial al Ki, esa fuerza invisible que fluye y anima a todo ser vivo. Se trata así de liberar y controlar la energía vital, el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu.

Para él, es el ki quien determina tanto la calidad del golpe, como la intención o el silencio entre sonidos. La visión del maestro es de proceso y camino, más que de técnica musical.



Hayashi, en cambio, no hace pedagogía explícita del tema; la transmite a partir de su propia trayectoria vital, corporal y musical. En su juventud, cuando salió de Ondekoza para fundar Kodo, hacía alarde de potencia, resistencia y virtuosismo físico extremo, ensayando a veces en la isla de Sado en condiciones de congelación.

Con el paso del tiempo, va reduciendo movimientos, economiza energía y profundiza en la respiración y el Ma -término japonés traducible por pausa, abertura o intervalo; no simplemente un vacío o ausencia de contenido, sino un espacio consciente-. Habla también de cómo, con la edad, el taiko deja de “empujar el sonido” para pasar a “dejarlo emerger”.



Finalmente, hay un cierto consenso transmitido informalmente entre escuelas y maestros taikistas que establece que el niño "aprende el ritmo”, el adulto "aprende el sentido” y el mayor "encarna el taiko”

En las escuelas de taiko se piensa que el niño aprende con el cuerpo antes que con la mente. Imita y repite jugando, interioriza movimientos y patrones rítmicos y aprende cuándo golpear (fuerte/débil, rápido/lento)

El adulto no solo ejecuta, también pregunta y comprende: el ma -el espacio entre golpes-, la intención o el contexto cultural y espiritual. El ritmo no es solo sonido y se vuelve más bien  mensaje.

Y el viejo maestro taikista ya no toca taiko; su postura, respiración y energía "son" taiko. No piensa el ritmo ni el sentido, simplemente ocurre; desde la óptica zen el cuerpo, el tambor y el momento se hacen uno. No hay músico y tambor, hay taiko manifestándose.

Sin embargo, se trata de un proceso cíclico, circular; incluso los maestros vuelven al ritmo simple como un niño.

 


 

11/01/25

TAIKO, MEDITACION Y EQUILIBRIO EMOCIONAL





TAIKO, MEDITACION Y EQUILIBRIO.  Una práctica zen

“Golpear el tambor con el corazón vacío es escuchar el eco del universo”




1. Un espacio donde habita la quietud

Tratamos aquí del concepto de "presencia plena", de una conexión consciente entre cuerpo, mente y energía, aplicados a la ejecución del taiko. 

Sabemos que el taiko es ritmo y es fuerza, pero no sólo; es también una práctica corporal “meditativa”. Para las artes marciales de origen budista, la postura -kamae- y la respiración son la base: cada golpe nace desde el hara, el centro energético del abdomen, y al golpear el tambor proyectamos el ki, la energía vital, con plena conciencia. Así, la atención en los movimientos, la respiración y el sonido convierten la ejecución del taiko en una meditación activa.

Práctica: 

Antes de tocar, realizar unas respiraciones profundas. Sentir la entrada y salida del aire en los pulmones. Luego, con cada golpe pausado, escuchar el silencio antes y después del sonido; ese es el espacio meditativo.


2. Meditación formal

Para profundizar en la conexión emocional y mental, incluimos momentos de quietud antes o después de tocar; son momentos que equilibran el sistema nervioso, reducen la tensión emocional y amplifican nuestra sensibilidad artística.

Práctica:

- Meditación sentada -zazen-: sentarse 10 minutos en silencio antes del ensayo. Observar los pensamientos sin intervenir en ellos ni juzgarlos. 
- Meditación sonora: cerrar los ojos y escuchar sonidos naturales espontáneos, o los taikos del grupo, y observar cómo vibra el cuerpo con ellos.
- Meditación en movimiento: Caminar lentamente controlando la respiración, y sentir cómo los pasos son parte de un ritmo universal.


3. Equilibrio emocional a través del ritmo

El taiko puede canalizar emociones intensas como la ira, la tristeza o la alegría, hacia otras energías creativas. Esto requiere aprender a observar y sentir las emociones como si fueran ritmos internos, y usar el tambor como un espejo de las mismas: ¿qué sonido tiene hoy esta emoción? ¿rápido, suave, irregular?;  a través del ritmo, podemos expresar y transformar emociones sin reprimirlas ni quedar atrapados en ellas.

Práctica:

Dedicar un tiempo a tocar y expresarse libremente según el propio estado emocional; después, sentarse unos minutos en silencio y notar cómo ha cambiado la respiración, los pensamientos, las sensaciones del cuerpo.


4. Integración y ciclo completo

Cada práctica se convierte en una estrategia de equilibrio dinámico: combinación de sonidos y silencios. La fuerza y la calma, el cuerpo y el espíritu. 

- El silencio, en la meditación previa:  centrando nuestra energía.
- El sonido, el taiko:  libre expresión del cuerpo y el ritmo; meditación dinámica proyectando el Ki. 
- El silencio final: reflexión o meditación final, integrando la experiencia emocional; nuestro cuerpo, antes y después.



    

Referencias

  • Seiichi Tanaka, Tanaka-sensei. Fundador del San Francisco Taiko Dojo (1968). Su filosofía une mente, cuerpo y espíritu en la práctica del taiko.

"En las artes marciales, el Ki es la energía vital que fluye del intérprete al tambor. Cuando te sitúas frente al tambor, el cuerpo debe estar relajado pero conectado a la tierra y lleno de poder espiritual: sentir la energía Ki ascendiendo desde la madre tierra, llenando todo el cuerpo y extendiéndose hasta los bachi."

  • The Way of Taiko, de Heidi Varian. Una de las pocas obras en inglés que aborda el taiko como práctica espiritual.

Varian, estudiante y productora de taiko en San Francisco, describe cómo el taiko se convierte en una disciplina de meditación en movimiento que cultiva autocontrol, fuerza, resistencia y cortesía hacia maestros y compañeros. Es un camino de entrenamiento mental y físico que genera ritmo, armonía y conciencia.

  • The Zenjo: ritmo, silencio y presencia. Organización dedicada al retiro y la práctica del silencio. 

"En Japón, el taiko no es solo un instrumento: es un camino para despertar el cuerpo, alinear la respiración y regresar a la presencia plena. En cada ritmo encontramos el silencio, el espacio donde habita la quietud."  The Zenjo propone tres sendas: 

 - Reavivar la energía a través del ritmo, la respiración y la naturaleza. 
 - Regresar a la tranquilidad y reconectar con el cuerpo y los sentidos. 
 - Dar vida a nuestros valores mediante la práctica, el propósito y la presencia.

  • Programa TaikoMIND. Este programa enfatiza el “aprendizaje consciente” mientras se toca el taiko. Las actividades, juegos y ejercicios de autorreflexión acompañan el proceso de manera lúdica e interactiva.

"Tocar taiko puede ser divertido y accesible, al tiempo que enseña cultura, música, trabajo en equipo y atención plena. En el grupo, cada persona aporta su energía al conjunto; la cooperación, la disciplina y la escucha son esenciales tanto para el arte como para la vida."

9/25/25

LEYENDA DE TSUGUKO Y EL TAIKO CELESTIAL

L
eyenda de Tsuguko.  Una crónica del antiguo Yamato


Miko shintoista.  Fot: DR Guylene Le Mignot


El santuario de Hinokuma

En los tiempos antiguos, cuando la corte de Heian dictaba los ritmos del mundo desde sus pabellones de oro y madera de ciprés, había en las colinas de Yamato un santuario llamado Hinokuma no Miya; un lugar envuelto en la niebla matutina y el silencio sagrado, consagrado a la gran diosa del sol, cuya luz era la fuente de toda vida y orden en el mundo. Este santuario apartado de la pompa de la capital, era guardado desde generaciones por los ujigami, kamis protectores y familias enteras que compartían con ellos un nombre de clan. Entre ellas, la más devota y antigua era la familia Kawakami que no era ni noble ni guerrera pero mantenía una devoción inquebrantable, y servía en Hinokuma como puente entre hombres y dioses, entre lo visible y lo invisible; también se decía que su sangre contenía la memoria de rituales ya olvidados por el mundo exterior.

En el antiguo "Nihon Shoki", una crónica más venerada que entendida, se menciona que el gran espejo de bronce de la leyenda de Amaterasu Ō-Mikami en la gruta sagrada, el que reflejó la luz que devolvió la esperanza al mundo, había sido consagrado en este santuario de Hinokuma. Y fue en esta tierra marcada por lo sagrado donde nació Tsuguko, la última hija del linaje Kawakami que fue consagrada como miko, monja y sirviente pura del santuario; en su vida, no conoció otro mundo fuera de los muros de piedra cubiertos de musgo, los caminos de grava blanca, y los Torii que se abrían como umbrales entre lo terrenal y lo eterno.

Creció escuchando los cantos de invocación que los sacerdotes recitaban al amanecer, y aprendiendo los gestos secretos de la danza kagura para el entretenimiento y apaciguamiento de los dioses. Allí le enseñaron a leer los cambios del musgo, a entender las pausas del canto de los cuervos, y a escuchar a los árboles como si fueran ancianos que recordasen el comienzo del mundo. Pero el mundo, incluso el sagrado, no permanece quieto y cuando el cielo comenzó a oscurecerse años más tarde en los tiempos sombríos, sería ella, la hija más joven del clan Kawakami, quien sería llamada a restaurar el equilibrio perdido.

El mensajero imperial

En el tercer año de la era, cuando el cielo se tornó gris por semanas y las cosechas fallaron, un silencio inquietante se apoderó de los campos y aldeas. Los ríos bajaban lentos y turbios, como si también ellos hubieran sido alcanzados por la melancolía del cielo. Se hablaba en corrillos de amenazas, de espíritus agraviados por el olvido, de antiguos pactos rotos por la indiferencia de los hombres.

Fue entonces cuando un emisario llegó desde la capital, enviado por orden del Emperador Ninmyō. Viajaba escoltado por monjes yamabushi y portaba un pergamino lacrado con el sello imperial; era un decreto de restauración espiritual, ordenando que en el santuario de Hinokuma se realizara un kagura no mai a sus kami protectores, y restablecer así la armonía entre el cielo y la tierra. Como ofrenda sagrada, el emperador había enviado un taiko ceremonial forjado en los talleres del venerable templo Tōdai-ji. Un tambor inmenso con herrajes de oro bruñido y su piel tensada y claveteada con precisión ritual en tonos de añil profundo, como las sombras del crepúsculo sobre el mar. Se decía que el primer golpe que le dieron los monjes de Nara, había hecho temblar los cerezos aún dormidos por el invierno. Su eco era capaz de despertar incluso a los kami más antiguos, aquellos que dormían en las raíces de los cedros o en lo profundo de los estanques olvidados.

Los aldeanos, temerosos pero siempre reverentes, se reunieron en un claro del santuario, allí donde las grullas detenían su migración. Las miko, vestidas con sus mantos blancos y cintas carmesí, iniciaron la danza bajo la lluvia tenue. Y cuando el gran taiko retumbó por primera vez en Hinokuma, un viento repentino barrió las hojas secas del otoño, como si el bosque mismo se inclinara ante el sonido. Nadie dudó entonces que los dioses estaban escuchando.


Santuario de Hinokuma, en Wakayama

9/11/25

TAIKO Y ESPIRITUALIDAD

T
raigo hoy aquí algunas reflexiones que recogen una visión del taiko que ha ido madurando en distintas escuelas y maestros como Den Tagayasu, Eitetsu Hayashi y Seiichi Tanaka, o grupos como Ondekoza y Kodo, y que muestran el taiko no solo como expresión musical, sino esencialmente como una disciplina y un puente de conexión con lo espiritual.





Meditación en movimiento

Tocar el taiko no consiste únicamente en golpear un tambor. Para muchas escuelas, tanto tradicionales como modernas, es una práctica integral que combina lo físico, lo mental y lo espiritual. Podríamos compararlo con el budō, el camino del guerrero en las artes marciales: un arte que exige alinear cuerpo, respiración y espíritu.

Esto requiere en lo personal:

Control del cuerpo y la respiración.
Gestión de las emociones.
Estabilidad mental y concentración.
Empatía y sincronización con quienes nos rodean. 
Reflexión e introspección constante.

Y en lo grupal:

Respeto mutuo. 
entrega desinteresada.
Disciplina compartida.
Apoyo y cooperación entre compañeros.

Así, el taiko se convierte en una meditación activa, donde el ego se disuelve y solo queda el ritmo y el presente. Se busca el estado de mushin, o mente vacía, donde la energía fluye libremente y sin obstáculos.



El sonido como energía espiritual

El sonido del taiko no solo se escucha: se siente. Su vibración profunda y envolvente funciona como un mantra hipnótico, cargado de simbolismo y ritualidad.

Golpear el tambor repetidamente puede llevar a estados de concentración y trance, ayudando a salir de la rutina diaria y conectar con un plano más espiritual. En ceremonias y rituales, el taiko marca transiciones, el inicio o fin de una meditación, el paso de lo profano a lo sagrado, o el cambio entre distintos momentos rituales. Es, en definitiva, un puente sonoro hacia otra dimensión de conciencia.



Comunidad y conexión

El taiko es también profundamente comunitario. Más allá de la técnica individual y el lucimiento, su esencia está mas bien en la unidad del grupo; todos los integrantes respirando al mismo ritmo, moviéndose con la misma intención, y haciendo resonar los tambores como un solo corazón compartido.

Este principio refleja el wa, la armonía colectiva tan apreciada en la cultura japonesa. Cada golpe deja de ser un gesto aislado para convertirse en parte de un flujo sonoro común. La sincronización genera una energía compartida: cuerpos latiendo al unísono, voces que refuerzan la fuerza vital, y tambores que envuelven a todos en una misma vibración.

Así, el taiko se transforma en un ritual de conexión, donde el sonido no solo comunica, sino que une. Cada participante encuentra su lugar dentro de un todo mayor, experimentando la música como un espacio espiritual compartido.




6/25/24

CHIEKO, DANZA KAGURA Y CHAMANISMO

R

ecientemente hemos podido disfrutar de las performances danza-taiko que nos ha brindado en Zaragoza la excepcional Chieko Kojima. En ellas, Kojima desarrolla interpretaciones innovadoras de las danzas del repertorio clásico japonés, como el Nihon Buyo y el Kagura, asociadas al teatro kabuki y a las danzas rituales del shintoismo. En esta entrada me gustaría profundizar un poco más en el origen y contexto ancestral de la segunda, el Kagura, y su vinculación al primitivo chamanismo japonés.


Chieko Kojima reinterpretando danzas rituales


El Kagura es una forma de danza ritual del sintoísmo que literalmente significa "entretenimiento de los dioses", y se realiza para honrar a las deidades sintoístas -Kami-, invocar su presencia y asegurar su favor y protección. Estas danzas son una forma de comunicación y veneración hacia esos espíritus de la naturaleza y hacia los ancestros.

Los bailarines del Kagura actúan como mediadores entre lo humano y lo divino, similar al rol que han desempeñado los chamanes en muchas otras culturas y territorios; así, en ciertos rituales, los bailarines/as pueden ser poseídos temporalmente por las fuerzas espirituales. El Kagura emplea máscaras, vestimentas especiales y objetos rituales que tienen carácter simbólico y un profundo significado espiritual, desempeñando un importante papel en la cohesión de las comunidades japonesas, especialmente en las festividades y ceremonias agrícolas, al transmitir y preservar su tradición e identidad cultural.

5/10/24

DE LOS RITMOS CHAMÁNICOS DE PERCUSIÓN


Chamanes prehistoricos
Chamán zoomorfo de la gruta de Trois Freres -Francia- (13000 años)
y Dogu Jomon -Japón- (4000 años) utilizado en ritos chamánicos

E
l tambor chamánico es un instrumento ancestral utilizado en las diversas culturas indígenas de todo el mundo para propósitos ceremoniales, curativos y rituales. Los ritmos que se tocan en el tambor chamánico varían según el territorio cultural específico y el propósito de la ceremonia o del viaje chamánico. 

Hay, sin embargo, ritmos comunes a muchas tradiciones chamánicas; uno de los básicos y fundamentales es el ritmo repetitivo y constante, que se usa para inducir estados de trance o acompañar prácticas de sanación; por ejemplo, el llamado ritmo del Fuego, en el que todos los golpes se dan en el centro del tambor a un pulso constante. Además de éste, existen otros ritmos más complejos utilizados para propósitos específicos; así, algunos ritmos pueden imitar el galope de un caballo, el vuelo de un pájaro o el flujo de un río. Estos ritmos pueden ayudar al chamán y a los participantes en su conexión con la naturaleza y con los espíritus animales o totémicos.

4/27/24

YUTA Y NORO, DE LAS ISLAS RYUKYU Y OKINAWA



Yuta y Noro de Okinawa.  Fot:  Chris Willson. Okinawa. Japan Chris@TRAVEL67.com  

E
l archipiélago de las Ryûkyû, de clima subtropical, está situado al suroeste de Japón en la actual Provincia de Okinawa, en pleno Mar de China del Pacífico. 

Desde un punto de vista cultural, Okinawa tenía tradiciones mitológicas y religiosas diferentes a las del resto de Japón. Originalmente, las islas Ryûkyû constituían una sociedad matriarcal y las sacerdotisas y chamanes, llamadas “Noro” y “Yuta” practicaban los ritos religiosos relacionados con muchos aspectos de la vida y la muerte. Aún hoy en día, son ellas las que se ocupan de las fiestas religiosas. 

4/26/24

HABLEMOS DE LOS AINU (I)

 

AINU   fotografías: ©Michele y Tom Grimm/Alamy


AINUS

Las poblaciones japonesas derivan genéticamente de la doble ascendencia de los cazadores-recolectores-pescadores indígenas Jomon, que habitaron el archipiélago japonés desde entre 16.000 y 3.000 años atrás y, posteriormente, de los agricultores Yayoi que emigraron desde el continente asiático y vivieron en Japón desde aproximadamente el año 900 aec. hasta el 300 dec. Estas confluencias, movimientos y amalgamas genéticas conforman la población yamato dominante en el Japón contemporáneo. 

Por otra parte, hasta hace unos 15.000 años, antes del final del último periodo glaciar, podía llegarse a Japón caminando desde el continente asiático por tres grandes lenguas de hielo que después quedaron bajo el mar. Pues bien, hace unos 14.000 años, pueblos del noreste asiático llegaron también a Japón a través de la entonces única entrada abierta, la del norte, que tardó en ser utilizada debido a que esa zona tuvo temperaturas demasiado bajas hasta ese momento; son los antepasados de la minoría étnica Ainu. Son, por tanto, un pueblo indígena japonés que genéticamente procede de prehistóricas emigraciones caucásicas y que se concentran hoy, ya muy mestizados, en la isla de Hokkaido y en los territorios rusos de islas Kuriles, Kamchatka y Sakhalin. Sus características físicas, cultura y lengua son, no obstante, diferentes a las de los yamato; es decir, al resto de Japón. 

4/24/24

LAS ITAKO DE AOMORI II


Itako: Kuchiyose


El tránsito de la muerte y el monte Osore

Osorezan, volcán activo en la prefectura de Aomori al norte de Honshu, es uno de los montes sagrados de Japón por considerarlo la entrada al inframundo; según la tradición, la última parada del alma de los muertos en su camino al más allá. Para el shintoismo, antes de alcanzar la naturaleza divina, los espíritus habitan dentro de las montañas y regresan a casa por Año Nuevo, el Obon y los equinoccios. Y según el budismo japonés, cuando morimos debemos cruzar el río Sanzu para entrar en la otra vida. Este paso al más allá es el estrecho arroyo que conduce del Osorezan al lago Usori; de hecho, hay 3 pasos sobre el río, de menor a mayor dificultad, que se asignan según la calidad moral de la vida llevada por el difunto.

Bodaiji es un templo budista del siglo IX -el templo donde acuden los muertos-, y la atracción principal en la zona, a los pies del Osorezan. Está construido alrededor de piscinas de agua sulfúrica burbujeante y caliente y el templo permite a los visitantes utilizar su onsen de aguas termales. Cerca del templo se encuentra el puente rojo sobre el rio Sanzu que, en la tradición, marca la separación entre los mundos físico y espiritual. Este es el escenario ritual de las itako o mujeres-chamán ciegas, muy abundantes en el pasado y muy reducidas y envejecidas hoy, que afirmaban ser capaces de comunicarse con los muertos en el rito del kuchiyose.

Las itako visten el kimono blanco de iniciación y consagración a su kami, el tubo de bambú idaiji a la espalda (de acreditación de su aprendizaje) y el rosario de cuentas -irataka juzu- heredados de su maestra y mentora. Su iniciación implica un largo ayuno a la intemperie invernal y la aceptación final por el consejo de las Itako. No utilizan drogas ni otras sustancias para inducir el trance; lo hacen sobretodo mediante el canto que también tiene un efecto psicológico en los oyentes. Es la ruta que utilizan para viajar a otros mundos, el pasadizo por el cual el espíritu desciende al mundo humano y regresa al mundo espiritual. Es el “lugar” donde ser humano y espíritu pueden entablar conversación. 

Las cuentas del irataka llevan colmillos de jabalí y trozos de cuerno de ciervo a modo de talismán -animales de poder-, así como monedas antiguas para costear la barca que cruza el río Sanzu para acceder al más allá. Las canciones o salmos de estas médiums chamánicas se acompañan con la percusión del roce rítmico del irataka, el taiko, el bastón de campanitas -suzu- o el arco de catalpa -azusa yumi-.

Su ritual más conocido se concentra en los días del festival anual de Bodaiji, del 22 al 24 de julio. Desafortunadamente, los cantos y sutras de las itako pronto desaparecerán: no hay ya sucesoras que aprendan el arte del kuchiyose.


Ref: Shinohara Tadashi https://www.nippon.com/es/japan-topics/g02228/
y   https://jbpress.ismedia.jp/articles/-/69379

4/23/24

LAS ITAKO DE AOMORI


Itakos de Aomori:    https://mtditako.net/blog/index.php/2021/02/24/20210224_2/


Kuchiyose y Oshirasama

Encuadrables en el chamanismo japonés (junto a las Miko, Yamabushis, Ainus de Hokkaidō, o Noros de Okinawa) por su capacidad de contactar con el mundo de los espíritus, la veneración a la naturaleza y el culto a los antepasados, a través del trance provocado por el canto y, en menor medida, por la percusión. En el pasado, las itako eran consideradas como guardianas de los caminos espirituales y respetadas y reverenciadas por la sociedad japonesa. Durante el periodo Edo (1603-1868) adquirieron gran popularidad y viajaban de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios como videntes, brindando consuelo espiritual a las personas que buscaban respuesta o consejo. Su habilidad para comunicarse con los espíritus les otorgaba un estatus especial.

Su ceremonia y ritual más importante es el Kuchiyose, o invocación al espíritu del antepasado, literalmente para “prestarle la boca”, frotando el juzu y cantando salmos rituales. Durante los tres días de octubre del festival Osorezan en el templo de Bodaiji, las Itako acuden a practicar el kuchiyose con el público que las espera. Después de orar en el templo al inicio del día, bajo el rítmico sonido de un hiradaiko colgante ejecutado por un monje de Bodaiji, las itako se desplazan a la explanada de las tiendas instaladas para atender a su clientela. Regresan cada Obon anual al “monte Osore de los antepasados”. 

Un segundo ritual de las itako, menos extendido, es el Oshirasama asobase que consiste en “despertar” a los kami, manejando los muñecos oshirasama que se veneran en enero en muchas casas japonesas. Este es un ritual muy peculiar que entronca claramente con su primitivo origen chamánico. La itako ciega usa dos palos de madera de unos 30 cms, adornados con telas brillantes increíbles (palos de oración que también usan los Ainu) y que se supone representan a una chica legendaria y a su caballo. El oshira-saimon, es la canción ritual que la itako canta, mientras baila y agita a las muñecas.

La canción cuenta la curiosa historia de Tamaya-gozen y su caballo Sedankurige; todos los días Tamaya-gozen cuidaba del caballo, hasta que finalmente niña y caballo se enamoraron el uno del otro. Este amor secreto hace enfermar al caballo y el padre de Tamaya-gozen llama a los adivinos para averiguar la fuente del problema, y cuando se entera, lleno de rabia, mata al caballo y lo despelleja. Tamaya-gozen, devastada por el dolor, reza frente a su piel pero, de repente, ésta envuelve a la niña y vuela al cielo con ella. En ese momento, desde el cielo cae una lluvia de insectos blancos y negros sobre una morera que comienzan a comer sus hojas (son los primeros gusanos de seda y, la familia de Tamaya-gozen, primera productora y comerciante de seda en la tierra).


Ref: Shinohara Tadashi https://www.nippon.com/es/japan-topics/g02228/
Ref: Tadashi Shinohara https://jbpress.ismedia.jp/articles/-/69379

4/21/24

VESTIGIOS DE CHAMANISMO EN JAPÓN





A
bordamos este tema por su vinculación histórica y cultural con la evolución del taiko japonés. La mayor parte de investigadores y especialistas señalan que las características esenciales del shinto (culto a la naturaleza, comunicación con antepasados, o ciertas formas de ritualidad como el Kagura) son reflejo de una religiosidad previa de naturaleza chamánica. 


Aun hoy existen todavía algunas figuras de origen chamánico más o menos activas en Japón:

Las Itako de la provincia de Aomori, que son médiums ciegas especializadas en posesión oracular (el Kami o el antepasado hablan a través de ellas) por medio de la ceremonia de Kuchiyose. También en este bloque entrarían las Miko, sacerdotisas y médiums de los santuarios del Shinto oficial, que estaban especializadas en danzas rituales de posesión, pero que han ido perdiendo esa función a favor de una actual a caballo entre las relaciones públicas y las guías turísticas de los santuarios. 

Las candidatas  a Miko iniciaban el entrenamiento entre los 7 y los 15 años. Eran enviadas a diversos santuarios sintoístas y se convertían en candidatas a Kagura Miko. Tras graduarse, pasaban a ser Hachijo Mai Komori no Kagura Miko. Unas 20 niñas eran asignadas a un maestro y aprendian kagura,  kuchiyose, y hasta ventiseis artes especiales; entre ellas adivinación de cuentas, invocaciones, devociones sobre las almas de los muertos, adivinación de deidades, etc. 

4/03/24

DEL TRANCE

Técnicas chamánicas de trance y viaje a través de la danza, la luz y el ritmo

Derviches giróvagos


La danza y más en concreto, el giro y el balanceo, son técnicas y expresiones que han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos en todos los ritos “religiosos”, ceremonias y pasajes de iniciación; el ser humano ha encontrado así el modo de explorar su cerebro mediante un masaje sutil en diversas áreas del mismo, producido por compresión y descompresión de la masa cerebral; son experiencias y habilidades específicas que transforman la percepción del ejecutante hacia sensaciones de mayor fuerza y capacidad. Aceleran cambios profundos en el psiquismo, en las emociones, en el rendimiento cognitivo y en el ánimo de quien los practica.

Algo similar ocurre con la luminosidad interior o alucinación visual creada por una fuente de luz adecuada, sol, focos, estroboscopio, etc. y que llamamos fosfenos. Esta alucinación está directamente relacionada con la actividad cerebral del sujeto y provocada por la excitación del nervio óptico mediante agentes químicos o físicos, el dolor, la migraña, el ayuno, la danza y accidentalmente, por un estornudo, un golpe en el ojo o un intenso deslumbramiento. Ese sol interior, esa luz entre los dos ojos a la altura del entrecejo, pulsa, vibra, gira, se desvanece, con un ritmo propio del estado mental de cada sujeto que realiza la experiencia; por ejemplo, la luz interior aparece cuando nos balanceamos a un ritmo fijo, un ritmo de un segundo por cada lado, es decir, un segundo nuestro cuerpo y/o nuestra cabeza se mece hacia un lado y un segundo hacia el otro.

4/02/24

ONDAS SANADORAS

Los círculos de tambores


Formación Kumi-daiko en círculo



Como se ha comentado en otra entrada previa, muchos nativos se refieren al sonido del tambor del chamán como el “latido de la tierra”. Debemos considerar que la frecuencia de resonancia electromagnética del planeta, que se sitúa en los 7,5 ciclos por segundo, resulta equivalente a la de las ondas cerebrales theta de los humanos. Aunque su vinculación sigue siendo objeto de investigación científica, parece plausible, por ejemplo, que el sonido del tambor pudiera permitir al chamán alinear sus ondas cerebrales con esa resonancia y, por tanto, con “el latido de la tierra”.

Las ondas theta -de entre 4 y 8 ciclos/s- se asocian con la transición del sueño a la vigilia, la relajación profunda y la ensoñación, y también están relacionadas con la creatividad, la intuición y algunos estados meditativos. La sincronización sonora con estas emisiones hace que nuestro cuerpo adquiera mayor receptividad y aumenta la velocidad de concentración. Por otra parte, el toque rítmico del tambor libera en el ejecutante hormonas de tipo dopamina y serotonina, responsables del placer, el estado de ánimo y la motivación, así como las endorfinas, que incrementan la sensación de felicidad. Son sensaciones de energía positiva que suelen relatar los miembros de las formaciones kumi-daiko; es decir, de los conjuntos organizados de taikistas.

ŌKURA SHŌNOSUKE


Ōkura Shōnosuke 

Es un virtuoso intérprete de Tsuzumi en el mundo tradicional del teatro , pero pasa también por ser un artista innovador de ritmos potentes y pulsantes que resuenan en la naturaleza japonesa y en la vida misma. Nacido en 1955, está oficialmente acreditado como poseedor de un bien cultural intangible. Es el hijo mayor del gran maestro de la escuela Ōkura de músicos de tsuzumi -taiko de mano para hombro o cadera-. Entrenado con su padre y su abuelo, actuó por primera vez en el escenario a los nueve años. 

El sonido penetrante y agudo del tsuzumi de Ōkura Shōnosuke tiene efectos electrizantes o sedantes en el que escucha. Este pequeño tambor de mano tiene dos pieles montadas sobre aros metálicos y unidas por cuerdas en un cuerpo de madera con forma de reloj de arena, un diseño simple que se ha mantenido sin cambios durante siglos y es muy utilizado en nagauta, un tipo de música tradicional que se toca junto al shamisen en el teatro kabuki, para acompañar la danza y proporcionar interludios reflexivos. La peculiaridad del tsuzumi es la necesidad de humedad para producir el sonido deseado; por ello, antes de tocarlo, se respira cerca de sus membranas. Además, la fuerza de agarre alrededor de las cuerdas hace variar la tensión que permite interpretar diferentes afinaciones. Es probablemente el taiko más antiguo conocido en Japón, con un origen vinculado al primitivo chamanismo previo al periodo Kofun o de los túmulos megalíticos -200 a 500 dne.-.

Ref: https://estudiosdeasiayafrica.colmex.mx/index.php/eaa/article/download/1689/1689

El tsuzumi es capaz de producir frecuencias más allá del rango de la audición humana, ejerciendo un profundo efecto curativo, “como si uno estuviera de pie en un denso bosque”. El tsuzumi es también uno de los cuatro instrumentos básicos del conjunto instrumental del teatro Nō.

“El pulso que emana del cuerpo de madera de cerezo y las pieles de caballo de un tsuzumi, trascienden el espacio y el tiempo, haciendo eco a través de la inmensidad del propio cosmos.”




El sonido del tsuzumi de Ōkura posee una fuerza poderosa que impregna nuestro ser y conmueve nuestras almas. También resuena con una especie de "pureza que despierta en nosotros la conciencia de que nuestra civilización material ha ido demasiado lejos".

Recuerda Ōkura una noche en la que reunió a amigos para una actuación de tsuzumi “junto al mar bajo la luna llena. La noche estuvo impregnada de una fuerza mística perdida hace mucho tiempo en nuestras ocupadas y modernas vidas. La luna y el viento, el sonido de las olas y el sonido del tambor se fusionaron en uno, lo que permitió a todos los presentes, compartir una experiencia inolvidable que ha posibilitado nuevas conexiones y posibilidades”.

Ōkura Shōnosuke ha guiado su camino en la creencia de que "las artes escénicas, a lo largo del tiempo, han tenido el poder de elevar el corazón humano; en el teatro nō, las celebraciones del espíritu no se expresan directamente, sino a través de la abstracción y los símbolos. Es un proceso continuo de armonizar el pulso de la vida con el latido del corazón del universo"

El papel de Ōkura en el escenario es, por lo tanto, expresar continuamente su conocimiento sobre esa armonía con la naturaleza a través del tsuzumi.




3/21/24

DEL TAMBOR CHAMÁNICO

 

Tsuzumi de hombro


Música ritual. 

Muchos especialistas consideran que el origen de las religiones está vinculado al surgimiento de la música, y que la capacidad de apreciar los sonidos motivó que los seres humanos se sirviesen de los instrumentos y el canto como un modo de expresión mágico o espiritual. Progresivamente fueron adquiriendo mayor destreza en la imitación de la naturaleza y en la invención de nuevos ritmos y tonadas con significados específicos, permitiendo organizar las celebraciones religiosas y animar a los asistentes al rito grupal que,  «conscientes de que no son espectadores pasivos sino que participan en un ejercicio espiritual, intervienen en el canto». Además, la cadencia musical induce trances de éxtasis, ya que «la música mágica, como el simbolismo del tambor, la indumentaria chamánica, o la misma danza del chamán, son otros tantos medios para emprender el viaje extático y para asegurar el buen éxito del mismo».

3/20/24

SHAMÁN




Chaman Ainu de la isla de Hokkaidō. Japon



Del Chamán

Genéricamente, el/la chamán es la persona que ejerce o practica los rituales del chamanismo entre ciertas comunidades con esa cultura y cosmovisión ancestral compartida. Cosmovisión que abarca todos los aspectos de la vida del chamán, se materializa en ritos estructurados, repetidos y aceptados por el grupo, y se fundamenta en el servicio a los demás miembros de la comunidad. Son guardianes de la tradición de su pueblo, memorizando y narrando las canciones e historias que mantienen viva la cultura de su comunidad.


Conviene señalar que, frente a esta definición asistimos, por parte de la cultura occidental y sus agentes, a una moda de apropiación de un conjunto de técnicas o mecanismos imitados o extraídos de las prácticas observadas en aquellas culturas, vivas o extinguidas, que ayudan a llenar ciertos vacíos de sentido y conocimiento en la vida contemporánea, tanto desde el mundo cultural “alternativo” y “new age” como del campo de las psicoterapias y, otras veces, tratando de satisfacer las limitaciones o insatisfacciones producidas por sus sistemas asistenciales biomédicos.