A
bordamos este tema por su vinculación histórica y cultural con la evolución
del taiko japonés. La mayor parte de investigadores y especialistas señalan
que las características esenciales del shinto (culto a la naturaleza,
comunicación con antepasados, o ciertas formas de ritualidad como el Kagura)
son reflejo de una religiosidad previa de naturaleza chamánica.
Aun hoy existen todavía algunas figuras de origen chamánico más o menos activas en
Japón:
Las Itako de la provincia de Aomori, que son médiums ciegas
especializadas en posesión oracular (el Kami o el antepasado hablan a través
de ellas) por medio de la ceremonia de Kuchiyose. También en este bloque
entrarían las Miko, sacerdotisas y médiums de los santuarios del Shinto
oficial, que estaban especializadas en danzas rituales de posesión, pero que
han ido perdiendo esa función a favor de una actual a caballo entre las
relaciones públicas y las guías turísticas de los santuarios.
Las candidatas a Miko iniciaban el entrenamiento entre los 7 y los 15 años. Eran enviadas a diversos santuarios sintoístas y se convertían en candidatas a Kagura Miko. Tras graduarse, pasaban a ser Hachijo Mai Komori no Kagura Miko. Unas 20 niñas eran asignadas a un maestro y aprendian kagura, kuchiyose, y hasta ventiseis artes especiales; entre ellas adivinación de cuentas, invocaciones, devociones sobre las almas de los muertos, adivinación de deidades, etc.
Las montañas ocupaban un lugar destacado en este sistema de creencias prehistóricas y shintoistas de culto a la naturaleza, y aquellas montañas que eran excepcionalmente hermosas o distintas, como Ontake, se consideraban particularmente sagradas y adecuadas para rituales de iniciación y purificación. Alrededor de los siglos VIII al XII, bajo principios sincréticos de shintoísmo, budismo esotérico y chamanismo animista popular se funden para formar el Shugendo, o ascetismo de montaña. Los practicantes de Shugendo, los yamabushi, buscaron la iluminación a través de arduos rituales realizados en y alrededor de las montañas sagradas.
También en este listado podía incluirse hasta hace un tiempo a la etnia Ainu de la isla norte de Hokkaidō, de origen genético caucásico y siberiano con prácticas chamánicas de corte clásico como la danza y la percusión en rituales de trance o, en el sur, las Noro y Yuta de Okinawa y las islas Ryukyu, adivinas y consejeras espirituales y de salud, que mantienen su animismo original y que hasta hace poco dominaban claramente en número a los monjes budistas, pero que están también en proceso acelerado de extinción.
Actualmente, además de los cantos rituales, la instrumentación musical de
apoyo de estos grupos "chamánicos" es el azusa-yumi o arco de catalpa y
el irataka-no-juzu o rosario de cuentas de las Itako, el
horagai o caracola grande de los Yamabushi y el sakujō o bastón
de anillos de las Miko. Las Noro y Yuta utilizan en ritos y festivales los
sanshin -especie de shamisén-, así como taikos grandes y pequeños que son
percutidos por bailarines.
Se ha ido perdiendo el uso de otros instrumentos chamánicos tradicionales como
los taiko o el tsuzumi -en los que los chamanes debían ser expertos-, la
cítara o koto primitivo, las flautas de piedra y fues o las castañuelas
yotsudake. El kagura se ha ido popularizando en los matsuri y ha dejado de ser
una práctica de posesión esencialmente chamánica, incorporando otros
instrumentos como los chappa y los sonajeros de campanillas.
Paralelamente, el taiko fue saliendo del estricto terreno del chamán y se
popularizó, aunque manteniendo su valor simbólico en relación a los ritos
rurales del ciclo agrícola. Asi, en el Japón tradicional, el taiko mantuvo ese
carácter de instrumento sagrado; era capaz de imitar el sonido del trueno, y
la creencia aseguraba, por ejemplo, que el espíritu de la lluvia se veía
obligado a entrar en acción. Asimismo, cuando era tiempo de cosechas, se
tocaba alegremente en agradecimiento a los kami que las propiciaban. En el
sentido religioso, se utilizaba el taiko para representar la voz de Buda,
elevar plegarias y comunicarse con los kami. También los monjes
shintoístas emplean hoy el instrumento como medio de meditación.
En nuevas entradas volveremos a comentar las peculiaridades específicas de
estas figuras chamánicas japonesas.
Ref: Musica, chamanismo y posesión en el Japón
contemporáneo. Daniele Sestili. Universidad de Roma.

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