SALUDO Y BIENVENIDA

Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018 cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un auténtico flash emocional... 

Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa, arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os tomáis la molestia de visitar estas páginas.  Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho- al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran haijin. 

Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".

12/28/24

ENSAYOS PARA LA CABALGATA DE REYES 2025

E
ste año Kamidaiko participa en la Cabalgata de Reyes de Zaragoza con una carroza de inspiración japonesa acompañando a Melchor que, según la tradición, representa a los pueblos asiáticos. Y el grupo está ensayando intensamente, encantado con vivir la experiencia...

Entre las novedades de este año destacan las carrozas, que serán diferentes y estarán inspiradas en el oro, el incienso y la mirra (estos tres regalos son, de hecho, el lema del evento) y en las distintas procedencias de los tres Reyes Magos. También serán nuevos sus atuendos y les acompañará un séquito formado por 300 integrantes provenientes de diversas partes del mundo, un centenar más que el año pasado, y dada esa ampliación está previsto que dure alrededor de media hora más de lo habitual. 

La temática del desfile de este año busca representar el origen europeo, asiático y africano de Melchor, Gaspar y Baltasar. Además, las tres grandes carrozas saldrán intercaladas, en lugar de los tres juntos al final como era habitual hasta ahora. Junto a los 27 pajes infantiles que ya han sido seleccionados, la cabalgata también contará con la ayuda de los artistas de las compañías y entidades locales Almozandia, Lamov, Kdecalle, Calidoscopio, Chechare, Peliagudo, Zirtiani, Milki, Elena Carmona, PAI, Escuelas Municipales, Asociación Aragón Japón, Tarde Temprano Danza, Marzo Mayea y Coscorrón.
  

Laura Arnedo. Heraldo de Aragon





El plan de trabajo del grupo consiste en situar 5 taikistas sobre la carroza y 10 mas en la calle alrededor de la misma interpretando secuencialmente 3 temas del repertorio (Natsu Matsuri, Kamidaiko y Taiko Asobi) intercalados con ritmos base de pasacalles y divertimentos de percusión para permitir el descanso alternativo de los taikistas. Para la ocasión estrenamos nuevos instrumentos e incluso un gran gong que colgará del Torii que preside la carroza.

Esperemos que el frio no se apodere del entusiasmo inicial del grupo, y que el cierzo o la lluvia estén también de vacaciones esa tarde...

Y va un reportaje fotográfico de los ensayos, sobre archivos originales de nuestra compañera Musan.  En el último nos acompañó Beatriz, amiga de Kumiko que es taikista y residente en Alemania donde participa en un grupo de taiko. Nos dio unos muy buenos consejos de estilo y coreografía. Gracias y vuelve a vernos cuando quieras.













12/10/24

EL CEREZO DEL VIEJO SAMURAI. OTRA HISTORIA DE YOKAIS

Muchas historias y leyendas rodean la primaveral fiesta del Hanami, o de contemplación de las flores del cerezo, que a Kamidaiko le gusta cada año acompañar alegremente con sus taikos. Y entre ellas, rescato una que me conmovió cuando la leí hace un tiempo en el libro de Hearn "Esprits et créatures de Japon"; es la historia de un cerezo singular, que tiene que ver con el frio invernal, y que comparto con los que tengan la amabilidad de acompañarme en el blog.


Uso no yona...
Jiu-roku-zakura
Saki ni keri!





En Wakégóri, un distrito de la provincia de lyo, existe un viejo y famoso cerezo llamado Jiu-roku-sakura  -cerezo del decimosexto día-, pues florece cada año al decimosexto día del primer mes del antiguo calendario lunar, y solo entonces; de modo que su época de floración coincide con el período del gran frío, aunque, como es sabido, la tendencia natural de los cerezos es esperar la llegada de la primavera antes de aventurarse a germinar. Sin embargo, el Jiu-roku-sakura florece con una vida que no le es -o al menos no le era originalmente- propia, porque en este árbol habita el espíritu de un hombre.



El hombre en cuestión era un samurái de lyo, y el árbol crecía en su huerto, floreciendo en la época prevista, es decir, hacia finales de marzo o principios de abril. De niño, acostumbraba a jugar bajo ese árbol, y sus padres, abuelos y bisabuelos habían colgado de sus ramas en flor, estación tras estación, durante más de cien años, vistosas y coloridas tiras de papel con poemas de alabanza. Sin embargo para el samurái, que tras una larga vida había sobrevivido a sus hijos, ya no había nada a lo cual consagrar su amor, a no ser por ese árbol.

¡Y hete aquí que en el verano de cierto año el árbol se marchitó y murió!.

¡Cuánto lloró el anciano la pérdida de su árbol!; hasta tal punto, que sus amables vecinos le buscaron un joven y hermoso cerezo y se lo plantaron en el huerto... con el fin, esperaban, de consolarlo. Y él se lo agradeció, y fingió alegrarse, pero en verdad su corazón seguía abrumado por el dolor, pues había amado tanto al viejo árbol que nada lograba aliviar el desconsuelo por su perdida.




Al cabo tuvo el hombre una feliz ocurrencia, y, cuando corría el decimosexto día del primer mes, recordó una forma de salvar al moribundo cerezo. Acudió solo a su huerto y se inclinó junto al ajado árbol, y le habló con estas palabras: «Dígnate ahora florecer de nuevo, pues seré yo quien muera en tu lugar», de acuerdo a una antigua creencia según la cual, con el permiso de los dioses, uno puede entregar su vida a cambio de la de otra persona, criatura o incluso árbol; así, la transferencia de la propia vida se expresa con el término japonés "migawari ni tatsu", actuar como sustituto.

Luego, bajo el cerezo, el viejo samurai extendió un manto blanco y varios cobertores, se sentó encima de ellos y se hizo solemnemente el harakiri. Su espíritu le fue transferido al árbol, y en ese preciso instante lo hizo germinar. Y de este modo, año tras año, sigue floreciendo el decimosexto día del primer mes, en la estación de la nieve.






Jiu-Roku-Zakura, cuento de Lafcadio Hearn

"Esprits et créatures de Japon"

Éditions Soleil, 2020