Ayer celebraba mi cumple (72) con los Kamidaikos en el dojo de Delicias y comentaba con nuestra directora Kumiko hasta que edad se podía tocar el taiko, que es un tema que me ocupa (supongo que por razones biológicas) desde hace un tiempo: "Hasta que te mueres, si quieres" o "algunos se mueren tocándolo"; pero yo me referia mas bien a cómo se siente o se vive el taiko, o se ejecuta, a partir de cierta edad.
Do-don retumban
tambores del matsuri
bajo la lluvia.
Takahama Kyoshi
En estos últimos tiempos he podido conocer algunas lecturas y opiniones sobre el tema, que hoy comparto, vertidas por maestros taikistas como Seiichi Tanaka, Eitetsu Hayashi y algunas escuelas tradicionales de Japón y su emigración extranjera. Y estamos hablando ahora del taiko como camino filosófico y emocional, no como exigencia física. En resumen...
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| Seiichi Tanaka y Eitetsu Hayashi |
En la infancia, la filosofía central es descubrir y jugar con el ritmo. El taiko es un juego corporal que no busca perfección, sino coordinación, energía y alegría. El énfasis está en sentir el ritmo más que entenderlo.
Las expectativas del niño son la diversión, el ruido y el movimiento. También, sentirse parte de un grupo. Es una fase que los maestros emplean para enseñar normas y disciplinas sociales y musicales con sutileza, sin que se note.
En la adolescencia el leit motiv es la búsqueda de identidad y pertenencia, y las expectativas se dirigen a canalizar la energía y las emociones, ser visto, pertenecer, destacar y, desde luego, auto-retarse en el plano físico.
El taiko se vuelve expresión personal. Aparece el ego -para bien y para mal-: querer tocar fuerte, rápido, perfecto. Muchos encuentran aquí la tribu con la que identificarse y una forma de decir aquí estoy.
En jóvenes y adultos tempranos domina más bien la idea del dominio del tambor y el dar sentido o propósito a esta expresión artística. Aquí el taiko se toma ya en serio. Se ensaya duro, se sufre un poco y se busca excelencia. Para algunos se plantea como camino profesional; para otros, una disciplina que estructura la vida.
Es decir, se busca alcanzar una técnica sólida, entender el porqué de la tradición y también, disfrutar de la adrenalina estimulante del escenario, los viajes o el reconocimiento.
En los adultos y la madurez lo más importante suele ser el equilibrio personal y la profundidad emocional, la presencia consciente y la transmisión de conocimientos.
Las expectativas están más bien en conceptos como la conexión cuerpo-mente, mantener la vitalidad corporal y disfrutar del momento; también la constancia, dar más valor a la comunidad que al ego, buscar significado a las cosas y compartir conocimientos. El taiko deja de ser “demostrar” y pasa a ser sostener junto a otros. Se valora cada vez más el espacio, el silencio, la respiración, tocar junto a los otros. Empieza a ser meditación sonora en movimiento; menos golpes pero con más intención.
"Los grandes maestros parecen tocar poco, pero cada golpe pesa como una montaña".
El taiko después de los 70. Ya no se toca para probar o demostrar nada. Se toca para "estar ahí", y el golpeo no busca la fuerza o la precisión, sino la presencia. Es más una práctica de vida que una exhibición.
Quizá el cuerpo pida más cuidados, pero la intención es más clara que nunca. El grupo deja de ser un espacio de competencia y se vuelve comunidad viva. Se contribuye a mantener el pulso emocional del grupo y a escuchar, más que golpear el tambor.
El taiko pide ahora más "verdad": tocar con economía de movimientos; afinar postura y respiración; respetar los silencios y, en definitiva, armonizar cuerpo, espíritu y grupo.
* * *
Como señala Tanaka “el taiko no se toca igual a los 20 que a los 60”, y eso no es una pérdida, es una transformación. El foco se desplaza del rendimiento físico inicial al Ki, esa fuerza invisible que fluye y anima a todo ser vivo. Se trata así de liberar y controlar la energía vital, el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu.
Para él, es el ki quien determina tanto la calidad del golpe, como la intención o el silencio entre sonidos. La visión del maestro es de proceso y camino, más que de técnica musical.
Hayashi, en cambio, no hace pedagogía explícita del tema; la transmite a partir de su propia trayectoria vital, corporal y musical. En su juventud, cuando salió de Ondekoza para fundar Kodo, hacía alarde de potencia, resistencia y virtuosismo físico extremo, ensayando a veces en la isla de Sado en condiciones de congelación.
Con el paso del tiempo, va reduciendo movimientos, economiza energía y profundiza en la respiración y el Ma -término japonés traducible por pausa, abertura o intervalo; no simplemente un vacío o ausencia de contenido, sino un espacio consciente-. Habla también de cómo, con la edad, el taiko deja de “empujar el sonido” para pasar a “dejarlo emerger”.
Finalmente, hay un cierto consenso transmitido informalmente entre escuelas y maestros taikistas que establece que el niño "aprende el ritmo”, el adulto "aprende el sentido” y el mayor "encarna el taiko”
Para él, es el ki quien determina tanto la calidad del golpe, como la intención o el silencio entre sonidos. La visión del maestro es de proceso y camino, más que de técnica musical.
Hayashi, en cambio, no hace pedagogía explícita del tema; la transmite a partir de su propia trayectoria vital, corporal y musical. En su juventud, cuando salió de Ondekoza para fundar Kodo, hacía alarde de potencia, resistencia y virtuosismo físico extremo, ensayando a veces en la isla de Sado en condiciones de congelación.
Con el paso del tiempo, va reduciendo movimientos, economiza energía y profundiza en la respiración y el Ma -término japonés traducible por pausa, abertura o intervalo; no simplemente un vacío o ausencia de contenido, sino un espacio consciente-. Habla también de cómo, con la edad, el taiko deja de “empujar el sonido” para pasar a “dejarlo emerger”.
Finalmente, hay un cierto consenso transmitido informalmente entre escuelas y maestros taikistas que establece que el niño "aprende el ritmo”, el adulto "aprende el sentido” y el mayor "encarna el taiko”
En las escuelas de taiko se piensa que el niño aprende con el cuerpo antes que con la mente. Imita y repite jugando, interioriza movimientos y patrones rítmicos y aprende cuándo golpear (fuerte/débil, rápido/lento)
El adulto no solo ejecuta, también pregunta y comprende: el ma -el espacio entre golpes-, la intención o el contexto cultural y espiritual. El ritmo no es solo sonido y se vuelve más bien mensaje.
Y el viejo maestro taikista ya no toca taiko; su postura, respiración y energía "son" taiko. No piensa el ritmo ni el sentido, simplemente ocurre; desde la óptica zen el cuerpo, el tambor y el momento se hacen uno. No hay músico y tambor, hay taiko manifestándose.
Sin embargo, se trata de un proceso cíclico, circular; incluso los maestros vuelven al ritmo simple como un niño.



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