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| Nagado con cuerpo de madera maciza de keyaki |
En términos generales, el taiko tradicional o ceremonial suele ser más sobrio, natural y minimalista, mientras que el moderno, el de los conciertos en grupo o kumi-daiko, suele tener más color, más decoración, y logos y dibujos para su mayor impacto visual. Por otra parte, la decoración del taiko suele seguir los principios tradicionales de la filosofía wabi-sabi de la que ya hemos hablado anteriormente en el blog; es decir, la belleza en lo simple, la aceptación de las imperfecciones naturales, o el equilibrio entre la función y la forma. Por eso, incluso los taiko muy ornamentados evitan en general lo recargado.
Hay que añadir que el simbolismo en la decoración del taiko tiene un carácter profundo y ancestral, ligado a la cosmovisión japonesa, el sintoísmo, el budismo y a la vida comunitaria. Más que “adornar”, la decoración comunica significado, protección y energía para el instrumento y quien lo ejecuta.
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| Cordaje y claveteado en shime, oke y hira-daiko |
Cuerpo o casco
El cuerpo de los nagado suele ser de madera maciza, de olmo zelkova o “keyaki” en los de mayor calidad y precio, aunque son más comunes y asequibles los construidos con tablas o duelas de otros diversos árboles. El aspecto y decoración del cuerpo varía; lo más común en el taiko tradicional es la madera natural pulida, que deja ver la veta, símbolo de respeto a la naturaleza.
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| Vetas de madera natural en cascos macizos y de duelas del nagado |
Sin embargo, el cuerpo puede estar también lacado -urushi- en negro, rojo oscuro o marrón profundo que le aporta elegancia y protección; es el caso, por ejemplo, de los tambores oke-daiko y shime-daiko. Finalmente, aunque más raros y ceremoniales, los hay con grabados o tallas y motivos de olas, nubes o dragones (en éste último caso, simbólicamente, la fuerza y la disciplina).
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| Cuerpos de taiko lacados |
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| Cascos con motivos grabados |
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| Cuerpos con decoración tallada |
Herrajes y clavos decorativos
Los clavos -tachibyōshi- que sujetan la piel al cuerpo del tambor no son solo funcionales. Están dispuestos en círculo creando patrones visuales rítmicos y formas florales o geométricas; describen una, dos o más bandas perimetrales, en tamaño grande -tipo clavo de puerta-, o pequeño -tipo chincheta-.
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| Disposición en tres bandas de clavos dorados |
Esta disposición reforzaría el simbolismo del círculo en la cultura japonesa y sus valores de unidad y armonía, repetición de los ciclos de la vida y del tiempo, o de equilibrio entre cielo, tierra y humanidad. El taiko, visto desde arriba, podría visualizarse como un mandala sonoro. El claveteado alrededor de la piel blanca y tensa, transmite también la sensación de barrera, de retención del poder y la fuerza sonora ocultos en el interior del tambor, que se liberaría al golpearlo.
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| Patrones visuales rítmicos de claveteado |
Los habituales herrajes con aros o asas suelen tener una forma geométrica común cruciforme o romboidal en tono oscuro o negro con remate floral dorado, cuyo simbolismo, según tradición oral de los artesanos y maestros taikistas, se podría vincular al sol, a Amaterasu y a los ritos agrícolas y comunitarios; así, el parche de piel sería el disco solar y los herrajes, los rayos que emanan del mismo.
Siempre me ha sorprendido la forma de estos herrajes, Kanagu, repetida invariablemente en los taiko de cierto peso, y que cumplen claro está su función de agarre en la confluencia de líneas de fuerza y equilibrio del tambor. Pero la tradición oral de la que hablamos también nos amplia significados más intangibles, porque en la artesanía japonesa la función rara vez va sola; este herraje combina dos motivos muy comunes:
La forma lobulada en cruz recuerda los diseños mokkō-gata y hana-gata (evocación gráfica de los lóbulos redondeados de la flor del membrillo, o la estilización de otros patrones florales). El mokkō es un motivo heráldico clásico en Japón que simboliza estabilidad, protección y contención y es frecuente en armaduras, santuarios y objetos sometidos a tensión o impacto como ocurre con el taiko. Y la roseta dorada central con pétalos radiales evoca claramente el kiku, el crisantemo, que es símbolo de orden, continuidad, energía solar y nobleza. No implica necesariamente una referencia imperial, pero sí una asociación con lo formal, lo correcto y lo duradero.
Parche de piel
El parche de piel suele ser de vaca, aunque depende más bien, de los animales disponibles en cada territorio, como la cabra o el caballo; lo más tradicional en su tratamiento es el cuero natural sin decorar, pero no es raro en los taiko ceremoniales encontrar sellos del fabricante, de los templos donde se instalan, o de los grupos de taiko que los utilizan.
Cuando ocasionalmente se pinta la piel, se suelen utilizar los Tomoe de dos y sobretodo, tres remolinos como símbolo de movimiento, energía y protección. Otras veces se caligrafían Kanjis como fuerza (力), tambor (鼓), o espíritu (魂), y también, dragones de poder, flores de sakura para indicar la fugacidad de la existencia, olas y nubes de resiliencia y conexión con los kami o, en fin, el sol naciente de la vida y la renovación.
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| Taikos de concierto y ceremonia con tomoes de dos y tres remolinos |
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| Decoración vegetal y animal de taikos ceremoniales |
Cuerdas en el shime y oke-daiko
Podemos detenernos aquí en dos aspectos; el tinte o color ritual de las cuerdas y los patrones visuales de tensado.
El rojo, el blanco, el negro o el púrpura, habituales en los cordados del shime y el oke, no son solo decorativos; en el shime, las cuerdas son su principal elemento visual, y el color tiene un peso ritual importante en la tradición y cultura japonesa.
El rojo -aka- es el más potente simbólicamente porque está asociado ritualmente a la vida y la energía vital, a la sangre, el calor y la fuerza, y ofrece protección contra lo impuro y maligno; por eso aparece en Torii, amuletos y santuarios. En las cuerdas del taiko, el rojo suele elegirse para significar la energía contenida en el tambor, la fuerza de su sonido o el poder que se libera al tocar.
El blanco -shiro- simboliza pureza, limpieza ritual y espacio o contenido sagrados; por eso los sacerdotes sintoístas visten de blanco y los objetos rituales suelen contener o empezar con una parte en blanco. En el taiko, ese color sugiere que el instrumento está ritualmente limpio y que es apto para comunicar con lo sagrado; además, equilibra la fuerza y poder del rojo, y juntos rojo y blanco son una combinación clásica de festividad ritual en Japón.
El púrpura -murasaki- es más sutil, pero importante históricamente porque durante siglos estuvo restringido a la aristocracia y al clero, asoció a lo trascendente, a lo no popular. Tradicionalmente simboliza nobleza y autoridad, conexión espiritual elevada, prestigio y conocimiento. Como color de cuerdas de instrumento aparece menos en contextos folclóricos y más en el taiko ceremonial y en espacios escénicos formales o institucionales. Inviste de dignidad y solemnidad.
El negro -kuro- refuerza el carácter ritual y solemne del taiko y, visualmente, “ancla” el instrumento, dándole peso, presencia y profundidad espiritual al sonido, especialmente en tambores graves como el ōdaiko. En el sintoísmo y el budismo, el negro puede marcar un espacio de recogimiento espiritual, la separación del mundo cotidiano y la entrada en lo ritual.
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| Tensado y afinado del oke y shime con cuerdas de color ritual |
El patrón de tensado de cuerdas en el shime-daiko o en el oke-daiko tampoco es solo un aspecto técnico, porque incide notablemente en la función, la estética y el sonido final. En el oke-daiko las cuerdas recorren el tambor en zigzag continuo entre ambos parches y cada cruce pasa por ojales o aros del parche opuesto; el patrón es simétrico, normalmente con un número par de puntos de tensión. Este sistema permite ajustar la afinación apretando o aflojando la cuerda completa. El cordado del shime, más apretado, denso y robusto, recuerda al shimenawa sintoísta -la cuerda sagrada de paja de arroz- que delimita lo puro y protege del mal.
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| Shimenawa |
Estos patrones de tensado influyen directamente en la respuesta del parche que se hace más o menos elástica, en la duración del sonido, que es un sostenido más largo que en el nagado, y en la sensibilidad del oke a golpes suaves y rápidos. No es un patrón meramente decorativo; se busca que ningún punto domine sobre otro, algo muy alineado con la tradición japonesa. Aunque el zigzag es el patrón más común, hay variaciones según región y uso, con cruces más cerrados para una mayor tensión y un ataque más seco, y cruces más abiertos para un sonido más resonante o incluso, la doble cuerda, que da más estabilidad sonora, pero con menor flexibilidad.
Por resumir, el oke, que es un instrumento popular y de amplio uso en matsuris, se afina en zigzag continuo para dar un sonido abierto y flexible, mientras que el shime, más serio y ceremonial, se tensa muy cerrado para un sonido alto y cortante.
Y una última reflexión. Aunque no es propiamente decoración de objeto, la estética del cuerpo y el gesto del intérprete de taiko, es inseparable de lo comentado: su postura, el vestuario, los movimientos amplios y controlados o el silencio entre los golpes, convierte al taiko en una escultura sonora en movimiento, donde tambor, cuerpo y espacio forman una unidad estética.
Ref:
William P Malm. Música tradicional japonesa y sus instrumentos. Kodansha International. 2000
Deborah Wong. Más fuerte y más rápido. Dolor, alegría y gestión del cuerpo en el Taiko. 2020
JAANUS (Japanese Architecture and Art Net Users System)
Sokyo Ono – Shinto: The Kami Way
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