SALUDO Y BIENVENIDA

Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018 cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un auténtico flash emocional... 

Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa, arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os tomáis la molestia de visitar estas páginas.  Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho- al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran haijin. 

Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".

4/26/24

HABLEMOS DE LOS AINU (I)

 

AINU   fotografías: ©Michele y Tom Grimm/Alamy


AINUS

Las poblaciones japonesas derivan genéticamente de la doble ascendencia de los cazadores-recolectores-pescadores indígenas Jomon, que habitaron el archipiélago japonés desde entre 16.000 y 3.000 años atrás y, posteriormente, de los agricultores Yayoi que emigraron desde el continente asiático y vivieron en Japón desde aproximadamente el año 900 aec. hasta el 300 dec. Estas confluencias, movimientos y amalgamas genéticas conforman la población yamato dominante en el Japón contemporáneo. 

Por otra parte, hasta hace unos 15.000 años, antes del final del último periodo glaciar, podía llegarse a Japón caminando desde el continente asiático por tres grandes lenguas de hielo que después quedaron bajo el mar. Pues bien, hace unos 14.000 años, pueblos del noreste asiático llegaron también a Japón a través de la entonces única entrada abierta, la del norte, que tardó en ser utilizada debido a que esa zona tuvo temperaturas demasiado bajas hasta ese momento; son los antepasados de la minoría étnica Ainu. Son, por tanto, un pueblo indígena japonés que genéticamente procede de prehistóricas emigraciones caucásicas y que se concentran hoy, ya muy mestizados, en la isla de Hokkaido y en los territorios rusos de islas Kuriles, Kamchatka y Sakhalin. Sus características físicas, cultura y lengua son, no obstante, diferentes a las de los yamato; es decir, al resto de Japón. 


Entre ellos el chamanismo, de raíz y tipo siberianos, continuó en hombres y mujeres como una práctica regular hasta el siglo XVII, cuando fue suprimido. Hoy apenas quedan vestigios de aquella cultura. Las mujeres chamán se centraban principalmente en curaciones y limpiezas (espirituales), mientras que los hombres chamán hacían ceremonias rituales de danza, canto y música y, bajo la influencia de estos ritmos hipnóticos entraban en trance durante el cual realizaban predicciones sobre el futuro o invocaban la suerte o protección de individuos y comunidad. Mientras que antes el chamán invocaba a un espíritu y viajaba con él para encontrar solución a varios problemas relacionados con la caza, la pesca o el control de las tormentas, son ahora las mujeres las que tienden a permitir que los espíritus se apoderen de ellas y las controlen, especialmente los ancestros, para la sanación de cuerpos y almas.

Los Ainu resaltan la importancia de la relación con el mundo natural -su animal totémico es el oso-, creyendo que la fuerza de vida que habita en todas las cosas y animales puede transferirse a los humanos, especialmente, a través del conocimiento del chamán. Un ejemplo: si una madre Ainu era incapaz de amamantar, el chamán podía realizar una ceremonia en la que invocaba y extraía la energía del abedul blanco. Después de haber ofrecido al árbol su bastón de madera y de haber colgado una banda de oración en su tronco, el chamán bailaba y oraba al espíritu del árbol antes de retirar varias capas de su corteza. Estas se llevaban a casa de la paciente, donde eran hervidas para hacer la sopa que a continuación tomaba. Generalmente el árbol moría a los pocos días y su espíritu emigraba al cuerpo de la mujer.

Tal como ocurre en otras muchas comunidades, los chamanes Ainu eran preservadores del conocimiento, la cultura y la tradición de su pueblo frente a intentos de dominación externos, y considerados líderes importantes dentro de la comunidad. Aunque las relaciones con el Estado y el resto de la sociedad japonesa no han sido fáciles, en los últimos tiempos se vive un cierto proceso de normalización y protección cultural. Sin embargo, muchas de las tradiciones chamánicas más antiguas se han perdido o han sido absorbidas en el Shinto, que es la principal religión en todo el país.

Utilizan una variedad de instrumentos hechos de materiales naturales como la madera y la piel. Uno de los instrumentos de percusión más destacados es el mukkuri, que es un tipo de flauta de boca que se toca con una técnica de "tamborileo" para producir ritmos y melodías únicas. Además, los Ainu también utilizan tambores, como el tonkori, un instrumento de cuerda percutida tradicional, el tambor de barril atuyepo, y el upopo, una especie de pandereta de madera. La música Ainu desempeña un papel crucial en su cultura, ya que a menudo se utilizan en ceremonias religiosas, rituales y festivales tradicionales para honrar a los dioses y conectar con la naturaleza.

El atuyepo es un tambor de madera tallada con forma de barril y similar al nagado, pero con parche de piel solo en la parte superior; está adornado con intrincados diseños y grabados de patrones geométricos y animales sagrados propios de la iconografía y cosmovisión Ainu. Se toca golpeando con las manos o con bachis. Se considera un medio de comunicación con los dioses y los espíritus de la naturaleza, y su sonido tiene el poder de purificar y proteger a la comunidad; juega por tanto un papel importante en la preservación y la promoción de la cultura Ainu.

Ref: Pablo A. Martin Bosch,
Doctor en Filosofía por la UPV/EHU,
Licenciado en Filosofía por la UD,
Licenciado en Antropología social y cultural por la UD




Cultura AINU    Fot:   Avalon / Universal Images Group gettyimages




















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