|
| Itakos de Aomori: https://mtditako.net/blog/index.php/2021/02/24/20210224_2/ |
Kuchiyose y Oshirasama
Encuadrables en el chamanismo japonés (junto a las Miko, Yamabushis,
Ainus de Hokkaidō, o Noros de Okinawa) por su capacidad de contactar con el
mundo de los espíritus, la veneración a la naturaleza y el culto a los
antepasados, a través del trance provocado por el canto y, en menor medida, por la percusión. En el pasado, las itako eran consideradas como
guardianas de los caminos espirituales y respetadas y reverenciadas por la
sociedad japonesa. Durante el periodo Edo (1603-1868) adquirieron gran
popularidad y viajaban de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios como
videntes, brindando consuelo espiritual a las personas que buscaban respuesta
o consejo. Su habilidad para comunicarse con los espíritus les otorgaba un
estatus especial.
Su ceremonia y ritual más importante es el Kuchiyose, o invocación al espíritu del antepasado, literalmente para “prestarle la boca”, frotando el juzu y cantando salmos rituales. Durante los tres días de octubre del festival Osorezan en el templo de Bodaiji, las Itako acuden a practicar el kuchiyose con el público que las espera. Después de orar en el templo al inicio del día, bajo el rítmico sonido de un hiradaiko colgante ejecutado por un monje de Bodaiji, las itako se desplazan a la explanada de las tiendas instaladas para atender a su clientela. Regresan cada Obon anual al “monte Osore de los antepasados”.
Su ceremonia y ritual más importante es el Kuchiyose, o invocación al espíritu del antepasado, literalmente para “prestarle la boca”, frotando el juzu y cantando salmos rituales. Durante los tres días de octubre del festival Osorezan en el templo de Bodaiji, las Itako acuden a practicar el kuchiyose con el público que las espera. Después de orar en el templo al inicio del día, bajo el rítmico sonido de un hiradaiko colgante ejecutado por un monje de Bodaiji, las itako se desplazan a la explanada de las tiendas instaladas para atender a su clientela. Regresan cada Obon anual al “monte Osore de los antepasados”.
Un segundo ritual de las itako, menos extendido, es el
Oshirasama asobase que consiste en “despertar” a los kami, manejando
los muñecos oshirasama que se veneran en enero en muchas casas japonesas.
Este es un ritual muy peculiar que entronca claramente con su primitivo
origen chamánico. La itako ciega usa dos palos de madera de unos 30 cms,
adornados con telas brillantes increíbles (palos de oración que también usan
los Ainu) y que se supone representan a una chica legendaria y a su caballo.
El oshira-saimon, es la canción ritual que la itako canta, mientras baila y
agita a las muñecas.
La canción cuenta la curiosa historia de Tamaya-gozen y su caballo Sedankurige; todos los días Tamaya-gozen cuidaba del caballo, hasta que finalmente niña y caballo se enamoraron el uno del otro. Este amor secreto hace enfermar al caballo y el padre de Tamaya-gozen llama a los adivinos para averiguar la fuente del problema, y cuando se entera, lleno de rabia, mata al caballo y lo despelleja. Tamaya-gozen, devastada por el dolor, reza frente a su piel pero, de repente, ésta envuelve a la niña y vuela al cielo con ella. En ese momento, desde el cielo cae una lluvia de insectos blancos y negros sobre una morera que comienzan a comer sus hojas (son los primeros gusanos de seda y, la familia de Tamaya-gozen, primera productora y comerciante de seda en la tierra).
Ref: Shinohara Tadashi https://www.nippon.com/es/japan-topics/g02228/
Ref: Tadashi Shinohara https://jbpress.ismedia.jp/articles/-/69379

No hay comentarios:
Publicar un comentario