ace mucho tiempo, en una pequeña aldea de montaña, vivía un anciano llamado Genjiro, conocido por ser el mejor maestro constructor de tambores taiko en toda la región. Genjiro tenía fama de sabio y su taller siempre estaba lleno de buenos olores a madera, a cuero y también, de algo de magia.
Un día, mientras paseaba por el bosque buscando madera para hacer un nuevo tambor, encontró un gran hinoki, un ciprés sagrado, brillante como el cielo estrellado. ¡Era tan hermoso que parecía tener vida!; Genjiro pensó que ese árbol debía ser único y muy especial, pero los monjes del templo cercano le insistían que no debía tocarlo y menos aún, cortarlo, ya que ese árbol estaba protegido por un feroz dragón que, sin embargo, dormía tranquilo desde hace muchos, muchos inviernos.
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| detalle de la ilustración de Utagawa Kunisida II (s XIX),"El dragón" |
Pero Genjiro, con su corazón de artesano y un poco de curiosidad, decidió cortar algunas ramas de ese árbol brillante. La madera era más suave que la seda, y con ella comenzó a construir su tambor más hermoso, al que llamó Ryū no Me, que quiere decir, el Ojo del Dragón.
Cuando finalmente terminó el tambor, Genjiro lo golpeó con un bachi (así llaman los japoneses a las baquetas de tambor)… y, de repente, un ¡gran trueno resonó por todo el pueblo!. Las luces parpadearon, las estrellas se escondieron, y una nube gigante apareció sobre el taller de Genjiro.
De la nube salió, desperezándose, un dragón de brillantes escamas azules y enormes garras afiladas. El dragón miró fijamente a Genjiro y, con una voz profunda, dijo:
—"¿Por qué has despertado mi alma? Ese tambor tiene un pedazo de mi corazón dormido. ¿Qué quieres hacer con él?"
Genjiro, un poco asustado pero con gran sabiduría y educación, miró al dragón y le dijo:
—"Lo siento mucho, Dragón. Solo quería hacer el tambor más hermoso del mundo para que todos pudieran escuchar su música. Pero si eso te ha molestado, haré lo que me pidas."
El dragón pensó un momento y luego sonrió.
—"Te perdono, Genjiro, porque tu corazón es noble y sabio. Pero, para que el tambor no me despierte de nuevo, quiero que se toque sólo una vez al año en el Festival del Trueno Azul, y únicamente para bendecir a la naturaleza y a los espíritus (los kami) que cuidan del bosque."
Genjiro aceptó con gusto. Desde entonces, cada otoño, el pueblo celebraba el Festival del Trueno Azul, donde todos los niños y adultos venían a ver a los taikistas tocar el "Ojo del Dragón". Y, cuando lo hacían, el sonido del tambor hacía temblar hasta el aire, y todos pensaban que el dragón lo escuchaba desde las montañas. Se dice que, en la noche del Festival, si uno escucha con atención entre los silencios de los golpes de ese taiko, se puede oír un suave ronquido que es, sin duda, el del dragón dormido, que mantiene siempre un ojo abierto cuidando del bosque.
Y así, el pueblo aprendió que, con respeto y amor por la naturaleza, el tambor y el dragón siempre estarían en paz, y la música traería felicidad para todos.
El "Festival del Trueno Azul" es el Festival de Fuegos Artificiales de Kumano, que se celebra cada 17 de agosto en la playa de Shichiri Mihama, como parte de las festividades locales del Obon. Este festival es conocido por su impresionante espectáculo de fuegos artificiales, con una tradición de 300 años.
En la mitología japonesa, el Dragón azul del bosque se refiere al yokai Seiryū, símbolo de la primavera y uno de los cuatro espíritus (y puntos cardinales) guardianes de ciudades, como el punto Este de Kioto.

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