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Estanque, pradera florida y cascada del Jardín Japonés del Parque Grande |
L
a Asociación cultural Aragón-Japón de Zaragoza lleva ya más de diez años
tratando de consolidar en un rinconcito del Parque Grande José Antonio
Labordeta su proyecto de Jardín Japonés en la ciudad; un espacio de serenidad
y armonía con la naturaleza, para la contemplación y el disfrute de sus
visitantes y para realizar allí una serie de actividades relacionadas con el
encuentro cultural entre ambas comunidades. En el Hanami 2024 hemos disfrutado de demostraciones de Naginata y Iaidō, baile butoh y taiko, así como preciosas exhibiciones de kimono. Por supuesto, Kamidaiko estuvo de nuevo allí bajo los sakura, interpretando sus temas Dokkoi, Tobu, Dondoko, Kamidaiko o Natsu Matsuri.
A lo largo de estos años se han ido haciendo plantaciones sucesivas de
cerezos, hasta lograr la supervivencia de la treintena de árboles que hoy se
pueden contemplar alrededor del estanque situado junto al monumento
conmemorativo de la exposición hispano-francesa de 1908. Este año, además
de plantar un nuevo grupo de cerezos, se han añadido liquidámbares y ginkgo
bilobas que iluminaran con los colores de sus hojas el jardín otoñal. Además,
se han realizado otras importantes actuaciones de mobiliario y
acondicionamiento vegetal del espacio.
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| Ubicación del jardín y plantación de nuevos sakura |
Tanto el taiko como el jardín son elementos importantes de la tradición japonesa y de su estética y filosofía de conexión con la naturaleza. A menudo se encuentran juntos en muchos eventos culturales y festivales; es el caso de las sucesivas ediciones del Hanami -contemplación de los cerezos en flor-, promovidas por la Asociación Aragón-Japón en el Parque Grande de Zaragoza, donde casi siempre ha tenido una presencia relevante en la fiesta, el grupo Kamidaiko y sus taikos. Y es que el taiko y el jardín japonés comparten aspectos importantes:
- Búsqueda de armonía y equilibrio en ambos contextos artisticos.
- Espiritualidad en la emoción y contemplación. Tanto la ejecución como la contemplación suelen tener marcadas connotaciones espirituales y rituales.
- Incorporación de elementos naturales en conexión con el entorno. Los taiko están hechos de madera y piel de animal, y a menudo se tocan en espacios abiertos.
- La celebración de los festivales, que suelen ser espacios compartidos
Pero, ¿qué es un jardín japonés?
Desde mi punto de vista, el jardín japonés supone un sincretismo y una armonía perfectas entre la espiritualidad y filosofía japonesas y su amor a la naturaleza.
Pero bajo ese concepto general, podemos hablar de varios tipos de jardín:
Jardines de Paseo, para ser observados desde un sendero. Suelen incluir un paseo en torno a un estanque, y un conjunto de especies vegetales y elementos representativas del ciclo de las estaciones.
Jardines de Aposento, para ser contemplarlos desde una posición
concreta, como ocurre en los diminutos jardines de la casa de madera
tradicional de la ciudad.
Jardines de té. Tienen un caminito embaldosado o con losas de piedra
que conduce hasta la cabaña de la ceremonia del té. Se colocan piedras sobre musgo,
para evocar la idea del rocío matinal.
Jardines de contemplación. Son los jardines secos o jardines
zen, diseñados para favorecer la meditación; hechos para ser
contemplados por los monjes desde la plataforma del templo. Bajo una
concepción minimalista, se caracterizan por el empleo de rocas, gravilla para
rastrillar y escasos elementos orgánicos y mobiliarios.
La importancia de las cuatro estaciones
Debido a su climatología, en Japón se viven de forma muy marcada las cuatro
estaciones. Un aforismo dice que
«la única cosa permanente de este mundo es que cambia»; es decir, se
acepta el cambio como algo intrínseco a la naturaleza del universo, a su
carácter efímero. El cambio a través de las estaciones es la demostración de
esa filosofía, que se manifiesta en la poesía, en la pintura y también, en
los jardines; por eso, es habitual que los jardines japoneses contengan espacios y referencias a las cuatro estaciones del año:
El cerezo o sakura, con la luz verde e intensa de sus hojas y el color luminoso de los pétalos como signo de la primavera.Los primeros colores del verano que llegan con la wisteria, el iris y las azaleas en las praderas floridas del jardín.El otoño, con el rojo de los arces y ginkgos y la fragancia del osmanthus, o el crisantemo que anticipa la llegada del invierno.El pino, que es el árbol más representativo del invierno, otorga gran importancia a la nieve como elemento estético del jardín; un manto blanco y etéreo sobre las agujas de los pinos y las hojas del bambú.Finalmente, el eterno retorno se completa con la llegada de una nueva primavera, y plantas que florecen al final del invierno y continúan en primavera: camelia, magnolia y los ciruelos, son el enlace entre estas dos estaciones. También es frecuente reservar una zona más o menos amplia de jardín seco o jardín zen de rocas y arena rastrillada.


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