SALUDO Y BIENVENIDA

Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018 cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un auténtico flash emocional... 

Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa, arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os tomáis la molestia de visitar estas páginas.  Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho- al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran haijin. 

Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".

7/22/25

DE LAS RAICES CHAMÁNICAS DEL TAIKO JAPONÉS

A
bordamos en esta entrada algunas singularidades antropológicas de Japón que vinculan la percusión tradicional y el taiko en particular, con su origen ancestral y con la pervivencia popular de creencias animistas y mágicas en sus gentes y territorios.

Sabemos que el taiko, en su forma actual, fue introducido desde el continente asiático junto con el budismo hacia el siglo VI, integrándose rápidamente en los ritos religiosos tanto del budismo como del shintoísmo local. También se incorporó a festivales populares, desarrollando con el tiempo una personalidad propia, profundamente característica de la cultura musical japonesa.

Desde su raíz shintoísta, el uso del taiko se ha vinculado estrechamente con rituales que honran a los espíritus de la naturaleza, los kami. En muchas festividades y matsuri, el taiko actúa como saludo a las deidades y como medio de limpieza espiritual de los espacios sagrados, abriendo canales de conexión con lo divino. Para el shintoísmo, el sonido del tambor lleva unido un poder espiritual; sus ritmos son considerados ecos de la naturaleza y representan la voz misma de los kami. Así, el taiko marca habitualmente el inicio de las ceremonias en templos y santuarios, creando un puente entre el mundo humano y el espiritual.

Sin embargo, en su dimensión más espiritual, el taiko remite también a manifestaciones anteriores a las religiones institucionales de Japón, y se conecta con un pasado animista y chamánico, profundamente enraizado en sus prácticas de invocación, sanación y purificación. Dentro de ese chamanismo japonés, como también ocurre en otros contextos culturales y territorios, el tambor opera en dos niveles fundamentales: la energía y el ritmo, canales ancestrales de comunicación con lo espiritual. En los rituales chamánicos, se emplea para invocar, proteger, purificar o sanar y el sonido vibrante del taiko funciona como herramienta de mediación entre el mundo físico y el espiritual, facilitando trances y estados de conciencia alterados en los que la intención humana se alinea, en su creencia, con la energía cósmica.

Describiremos algunas dimensiones (y actores) de esta relación:



Como herramienta de invocación de los espíritus kami.

Los taikos tradicionales no son solo instrumentos musicales, sino también vehículos espirituales. En ceremonias shintoístas, el ritmo repetitivo del tambor sirve para convocar a los kami, que según el imaginario japonés habitan en la naturaleza o en sus elementos.

Particularmente en zonas rurales y en prácticas vinculadas a las Miko de templos y santuarios -las sacerdotisas shintoístas-, los taikos se utilizan para invocar espíritus, purificar espacios y proteger a la comunidad de influencias negativas. El sonido del tambor establece una vibración que despierta la presencia divina y conecta el plano humano con el espiritual. En concreto, las Kuchiyose Miko actúan como médiums de los espíritus, hablando en nombre de los difuntos y aún pueden encontrarse en algunas zonas, sobre todo en el noreste de Japón.


Mikos shintoistas, danza Kagura y Chieko Kojima.    Fot: Royumi-world.com & sophoco


Las miko representan una antigua forma femenina de mediación espiritual, relacionada con el chamanismo prebudista y el culto a los kami. Sus prácticas incluían el trance y la posesión espiritual -kamigakari-, actuando como médiums transmisores de los mensajes divinos a la comunidad.

Una de sus expresiones más conocidas es la danza ritual Kagura, cuyo significado literal es “entretenimiento de los dioses”. Esta danza sagrada, ejecutada por una miko, busca invocar a los kami y, en ocasiones, facilitar la posesión espiritual. Se divide en dos partes: una fase ritual que prepara el espacio y otra escénica, que entretiene tanto a los dioses como al público. Aunque muchas representaciones actuales han perdido su carácter ritual y espiritual, en el pasado estas danzas eran centrales en festividades religiosas.

El acompañamiento musical del Kagura incluye suzu (cascabeles) y taikos tocados por monjes, así como otros objetos rituales como los gohei (bastones con tiras de papel), o los espejos kagami, que refuerzan la conexión con el plano espiritual. El Tamafuri -sacudiendo el espíritu- es la práctica en la que las miko agitan el gohei para invocar a los kami y las energías espirituales positivas, y el Chinkon es el ritual de pacificación de los espíritus en el que las miko realizan movimientos específicos y cánticos para calmar su inquietud y atraer la paz; éste es, en origen, un ritual para asegurar y fortalecer o rejuvenecer el alma de una persona moribunda. 

Quiero recordar aquí a la gran Chieko Kojima que nos ha visitado varias veces en Zaragoza, desarrollando junto al dúo Tomorō, magníficos conciertos y masterclass para nuestro grupo Kamidaiko. Muchas de sus coreografías y performances incorporan los gestos fluidos y postura ritual, el vestuario ceremonial y la narrativa mitológica propios de las Miko del Kagura, aunque reinterpretado en lenguaje contemporáneo.

Pero más allá del Kagura, muchas danzas tradicionales vinculadas al taiko poseen claras raíces chamánicas. Especialmente en el contexto de los matsuri o rituales agrícolas, los movimientos coreográficos que acompañan al tambor convierten al cuerpo humano en un canal de energía espiritual. En estas ocasiones, el tambor no solo tiene una función musical, sino que regula el flujo de las energías físicas y espirituales.



En los ritos de purificación.

En ceremonias shintoístas y festividades populares, el taiko se emplea habitualmente en rituales de purificación. Durante los matsuri, además de su valor musical, su sonido sirve para expulsar espíritus malignos, eliminar energías negativas y crear una atmósfera propicia para la comunión con lo divino.

Este uso se asemeja a otras prácticas chamánicas presentes en muchas culturas, donde la música y la percusión actúan como vehículos para restaurar el equilibrio espiritual. Los ritmos del taiko purifican el espacio energético y facilitan la sanación o la comunicación espiritual. Su sonido puro y rítmico expulsa las energías negativas, ahuyenta los espíritus malignos, limpia espacios rituales, concentra la energía espiritual del/la chamán, e invoca a los espíritus ancestrales y deidades benévolas.


Las Itako de Aomori en ceremonial de Kuchiyose.     Fot: Henry Johnson


Durante el festival de las Itako en el monte Osore, al norte de Honshū, dedicado especialmente a los muertos familiares y la conexión con los antepasados, hay procesiones y ceremonias donde a menudo se escucha el taiko tocado por monjes o asistentes al festival, y acompaña algunas fases públicas de los rituales, especialmente las de apertura o cierre, donde se purifica el recinto entero o se llama la atención de los ancestros.

Las Itako, médiums ciegas de la prefectura de Aomori, representan una tradición espiritual japonesa fuertemente asociada al trance y la comunicación con los muertos -ceremonia del kuchiyose-. En sus rituales utilizan diversos instrumentos de percusión como suzu, pequeños tambores chamánicos, tsuzumi (taikos de hombro) o simples tablillas (hyoshigi). Estos elementos son esenciales para inducir el trance y facilitar el kamigakari o posesión. 

 

Itako ciega tocando el Azusa Yumi (Arco de Catalpa) en el ritual del Kuchiyose


Su ritual típico incluye:

- Toques iniciales de campanillas y pequeños tambores.
- Invocación: a través de cantos y percusión rítmica (con azusa yumi / música de los dioses).
- Trance: sostenido por el ritmo acelerado.
- Purificación final: mediante golpes de tambor y sal esparcida en círculo.



7/15/25

RESUMEN DE EVENTOS TAIKISTAS 2025 DE KAMIDAIKO

S
e me ha ido el santo (o el Kami) al cielo, sin alimentar desde hace meses la sección de eventos de Kamidaiko en el blog.


La temporada 2025 hasta el verano ha sido intensa, con un ampliado nuevo grupo, compactado y activo, varios temas nuevos en el repertorio, más instrumentos, nuevo diseño de camiseta, y hasta algún feliz nacimiento. Comenzamos en enero con la celebrada Cabalgata de Reyes, pero luego han seguido más eventos de los que hago repaso visual y resumen ilustrado:



Plantación NUEVOS SAKURA en jardin japonés. 2 de febrero


Ya hay cerca de 40 cerezos, en lo que alguna vez será el jardín japonés del parque, aunque todavía hay que acondicionar varias zonas y completar los espacios de las cuatro estaciones climáticas (y espirituales) que requiere el jardin. El espacio para actuaciones y público también habrá que ampliarlo un poco.





HANAMI en Zaragoza. 12 de abril 


Repertorio clásico en el Jardin Japonés del Parque Labordeta y la novedad festiva de las mascaras japonesas en la actuación.







KODOMO NO HI, en Palma de Mallorca. 4 de mayo

Un concierto estupendo, bien organizado por los colegas mallorquines y muy trabajado en los ensayos. Los miembros nuevos han tenido la oportunidad de probarse con un público diferente y mostrar los nuevos temas del grupo. 






JOTAPON / MAÑOTAKU, en La Jota. 31 de mayo

Un concierto ya clásico para el grupo, con un público interesado y receptivo, y un buen ambiente festero en el barrio, en la 6ª edición de estas jornadas japonistas.




Inauguración EXPOSICIÓN TESOROS, en la Lonja. 7 de junio

Maravillosa exposición sobre arte oriental (y especialmente japonés) en la que ha sido un honor participar con nuestra pequeña aportación musical.






Colaboración con DFA. 13 de junio

Muy entrañable encuentro y colaboración. Las caras de interés, sorpresa y emoción de los usuarios del centro compensan con creces nuestro pequeño esfuerzo.





EXPOTAKU, en Sala Multiusos. 14 de junio

Charla y concierto en un estimulante ambiente de frikismo japonés






BARCELONA MATSURI. 22 de junio

Brillante actuación rodeados del afecto y estímulo de los grandes maestros del taiko. Bautismo de profesionalidad






NOCHE EN BLANCO, en La Lonja. 28 de junio

De nuevo cobijando la exposición Tesoros, para la 13 edición de la Noche en Blanco y de los Museos de Zaragoza. A las puertas de la Lonja, con el suelo remojado por el camión cisterna del Ayuntamiento y a 42º a la sombra. El público aguantó y nosotros también. Fué estupendo





Y después de este intenso arranque de 2025 llega el verano y un poco de descanso taikista. 

Buenas vacaciones !!


6/18/25

RAIJIN. EL KAMI QUE TOCA EL TAMBOR, Y EL CUENTO DEL TRUENO DEL ATARDECER

Raijin y Fujin, los Kami del trueno y el viento, son dos de los dioses más emblemáticos en la mitología japonesa. 


Raijin, en el templo Sanjusangen-do de Kioto


Su representación conjunta es uno de los motivos más tradicionales del arte nipón, destacándose la famosa pintura de Tawaraya Sōtatsu sobre un fondo dorado, que ha perdurado como una de las imágenes más reconocibles de esta iconografía.


Raijin y Fujin, Escuela Rinpa, Museo Nacional de Kioto


Raijin, dios del trueno y los rayos, es habitualmente representado como un oni/ogro rodeado de tambores taiko, que utiliza para generar los truenos durante las tormentas. La leyenda atribuye a Raijin la creación de la tormenta kamikaze (viento divino), que salvó a Japón de la invasión mongola en 1274. Esta victoria se ha visto como una manifestación del poder del dios para proteger a la nación.

La relevancia de Raijin en la cultura japonesa se refleja en la cantidad de templos y santuarios dedicados a su culto, siendo el más notable el Templo de Sanjūsangen-dō en Kioto, donde su estatua se encuentra junto a la de Fujin, representando su hermandad indisoluble. El culto a Raijin dentro del sintoísmo se manifiesta a través de rituales y festivales, como el Sanja Matsuri de Tokio, en los que se le honra y se busca apaciguar su ira. En algunas regiones, se mantienen santuarios en lugares propensos a tormentas, donde los fieles ofrecen ofrendas para asegurar la protección de las comunidades cercanas.

"La temporada de truenos ha llegado. Ofrecemos esta oración a Raijin, para que su poderoso tambor pueda traer equilibrio y no caos, a los cielos".  -Canto ritual sintoísta-

La mitología cuenta que Raijin y Fujin, originalmente hermanos y amigos, tuvieron una disputa sobre quién de los dos dominaba el cielo y las tormentas. Esta disputa terminó en una pelea en la que Fujin cortó un brazo a Raijin, lo que impidió al dios del trueno tocar adecuadamente sus taikos y hacer resonar los truenos. Con el tiempo, ambos se reconciliaron, y Amaterasu, Kami del sol, le otorgó a Raijin un nuevo brazo, permitiéndole generar nuevamente tempestades junto a Fujin.

Raijin, descendiente directo de los dioses Izanagi e Izanami que crearon las islas de Japón, y origen de la dinastía imperial, es una figura de respeto y temor. Aunque a veces se le ve como un dios travieso -le encanta, por ejemplo, comer ombligos humanos- , su papel en el control de las fuerzas de la naturaleza es esencial. En tiempos de tormenta, se le invoca y las madres advierten a los niños que se cubran el ombligo para evitar que Raijin los robe y los devore.





El cuento de Raijin y el trueno del atardecer




En las montañas de Japón, donde las nubes danzan al ritmo de vientos ancestrales y los ríos murmuran secretos olvidados, vivía Raijin, el kami del trueno. Su presencia era tan imponente que, cuando caminaba por las cumbres más altas, el cielo entero se estremecía. Su cuerpo, envuelto en llamas eternas, ardía con un resplandor cegador, y en su mano, un gran taiko vibraba con la fuerza de las tormentas, haciendo temblar las raíces de los árboles.

Se decía que, en su juventud, Raijin había sido un espíritu travieso con los cielos y las estrellas, y aunque era consciente del caos y la destrucción que su poder podía desatar, también lo era de una fuerza que limpiaba la tierra, anunciaba cambios y ofrecía nuevas oportunidades a quienes se atrevían a enfrentarse a su furia.

Pues bien, en una pequeña aldea al pie de la montaña vivía el joven Kaito, que soñaba con convertirse en un gran guerrero. Su vida en el pueblo era tranquila y simple, madrugando cada día para ayudar a su familia en las labores del campo; sin embargo el joven no encontraba satisfacción en esa rutina. Sentía que algo más grande lo esperaba, algo que solo él podría descubrir.

Una tarde, mientras Kaito paseaba por los campos de arroz, el cielo comenzó a oscurecerse. No eran nubes comunes; se movían con una fuerza inusitada, como si algo las empujara. El aire se llenó de una energía extraña, y Kaito, curioso, siguió el rastro del viento hacia aquellas montañas que tronaban.

Allí, en lo alto, encontró a Raijin, el gran kami del trueno, sentado sobre una roca con su taiko vibrando al ritmo de su propio corazón. La tormenta que lo rodeaba parecía ahora en calma, como si Raijin estuviera esperando algo.

"¿Quién eres, mortal?", rugió Raijin, con su voz retumbando como un trueno distante.

Kaito, asombrado pero sin miedo, respondió:

"Soy Kaito, un joven que busca entender su destino, y he oído hablar de ti, Kami del Trueno."

Raijin lo observó con curiosidad.

"¿Por qué has venido hasta aquí? ¿No temes a la tormenta que podría destruirte?"

“Vengo porque siento que hay algo que debo aprender, algo que solo tú puedes enseñarme. He escuchado que el trueno no es solo destrucción, sino también renovación. Quiero entender cómo la furia de la tormenta puede traer calma."

Raijin rió; un sonido profundo y resonante que sacudió las montañas.

"La tormenta, joven Kaito, no es solo furia. Es un recordatorio de que todo en la vida está en constante cambio. La calma no existe sin el caos. Y también te diré algo más: el aprendizaje y el crecimiento solo son posibles superando pruebas. Si deseas aprender, deberás enfrentarte a mí."

Kaito, con la determinación que sólo un corazón joven puede tener, aceptó el desafío. Raijin le entregó un taiko similar al suyo, pero sin poder.

"Si puedes tocar este tambor y hacer que el trueno se detenga, habrás comprendido la lección que el cielo tiene para ti."

El joven comenzó a golpear el taiko, pero al principio solo produjo un sonido débil, que se perdió entre el rugir del viento y el retumbar de las nubes. Sin embargo, Kaito no se dio por vencido. Golpeó el tambor cada vez con más fuerza, más pasión y más intención, hasta que fue uno y poderoso con su taiko.

Hubo un último y potente trueno y, en ese momento, la tormenta pareció calmarse. El cielo, antes oscuro y temible, comenzó a abrirse, revelando sus matices dorados. Raijin sonrió.

"Has comprendido, Kaito. El trueno y la tormenta no son solo caos, ni solo calma. Es una danza sutil entre ambas cosas. La vida está hecha de momentos de furia, pero también de quietud. Depende de nosotros aprender a escuchar cada uno de esos momentos y encontrar nuestro propio ritmo en ellos."

Y Kaito regresó a su pueblo con una nueva comprensión del mundo. Ya no buscaba simplemente luchar o imponerse. Ahora sabía que su vida debía ser una mezcla equilibrada de acción y reflexión, de pasión y serenidad.

Y desde entonces, cada vez que una tormenta de verano recorre las montañas, el pueblo de Kaito recuerda  la lección de Raijin: que la verdadera sabiduría radica en saber cuándo bailar al ritmo del trueno y cuándo descansar bajo la calma del atardecer.

4/27/25

LOS YOKAIS PORTEROS: KOMAINUS Y GUARDIANES NIO

L
a danza kagura "entretiene a los dioses" en el santuario Takachiho de Miyazaki, y nos cuenta las luchas de los oni y los kami y la creación de las islas japonesas por Izanami e Izanagi

Los diablos, causantes de las tempestades y las inundaciones, son al fin derrotados por los kami, que aseguran la cosecha y evitan el desastre. Bajo sus cedros centenarios, cuatro músicos acompañan la danza con los chappa, taikos y shinobue. Los leones-perro Komainu, bajo el Torii de entrada al santuario shinto, son los primeros en ver y escuchar la danza y la oración. 

Lejos de allí, en Nagano, los rojos, naranjas y amarillos de los árboles en el momiji envuelven el templo Zenkoji;  la música y el canto budista shōmyō ayudan a invocar la protección espiritual, como lo hacen sus Guardianes Nio desde la puerta de acceso.





Los Komainu son las estatuas con forma de león-perro asiático, que se pueden ver, por parejas, en la entrada de los santuarios; les protegen de la entrada del mal y son comunes en los santuarios del shinto, aunque se pueden ver también en los salones de algun templo budista; una muestra más del complejo sincretismo religioso del territorio japonés hasta finales del siglo XIX.

En el periodo Edo (1600-1868) dejaron de estar únicamente en templos y santuarios, y comenzaron a aparecer también en los caminos de acceso a los mismos, normalmente en el monzen-machi, la calle de las tiendas y mercado por donde llegan los peregrinos. 

Aunque en origen eran de madera y se situaban en los interiores, en la actualidad, los komainu son de piedra y se se colocan a ambos lados del torii de entrada para alejar a los malos espíritus. Las dos esculturas suelen ser parecidas, a excepción de la boca; no era así inicialmente, que diferenciaba más su aspecto de león o perro. A partir del periodo Edo (1603-1868) se han utilizado otros animales, como jabalíes, dragones, zorros, conejos o tanukis.

El de la derecha suele tener la boca abierta, como pronunciando la sílaba «a», mientras el de la izquierda la tiene cerrada, pronunciando la sílaba «un». Juntas, ambas sílabas se leen «a-un», que en español se traduce con el sonido «om». De esta manera, juntos, los dos komainu simbolizan la inhalación y la expiración, el comienzo y el final de todas las cosas. Básicamente es la versión budista japonesa del alfa y omega griego y de los cristianos, que también se usan para representar el comienzo y el final del universo en sí.

* * *

La entrada al templo Zenkoji es la puerta Niomon, la imponente estructura de madera construida en el siglo XII. Esta puerta marca el umbral físico del templo y simboliza la entrada al mundo sagrado y espiritual, custodiada por dos grandes Guardianes Nio, Kombo y Mishaku, que representan espiritus protectores contra los enemigos de Buda. 

En los templos budistas japoneses son habituales estas figuras imponentes y amenazantes que flanquean la entrada, también por parejas, con sus músculos tensos y sus expresiones feroces e iracundas. Son los Nio, los guardianes del templo, y su presencia no es sólo decorativa. También llamados «Guerreros del Vajra», en relación con el arma en forma de diamante que les sirve para ahuyentar el mal. Su función principal es proteger el templo y sus ocupantes de todo tipo de espíritus y fuerzas amenazantes, y proteger la ley del Dharma, las enseñanzas del Buda para la iluminación y la ausencia de sufrimiento. 


Los guardianes Nio, con el torso desnudo, llevan una falda y una especie de túnica celestial alrededor del cuerpo, por lo que muestran su marcada musculatura abdominal y pectoral, expresión externa de su gran fortaleza. A menudo llevan un vajra en la mano, el arma ritual que representa la fuerza indestructible del espíritu. No solo son guardianes desde el punto de vista físico, sino que también representan la dualidad,  la necesidad de equilibrio en la vida y la conexión de lo físico con lo espiritual. Por eso van en pareja, reflejo de la armonía entre fuerzas opuestas, concepto esencial en el budismo japonés.

Con los guardianes Nio sucede igual que con los Komainu sintoístas; uno de los dos siempre tiene la boca abierta, mientras que el otro aparece con la misma cerrada. Uno, normalmente a la derecha, abre la boca pronunciando alegóricamente el sonido «a»; del nacimiento, el principio, la fuerza y la expulsión del mal. Su pareja, a la izquierda, cierra la boca y pronuncia el sonido «un», símbolo de muerte, final y contención del mal. Son la inhalación y la expiración, el comienzo y el final de todas las cosas; la versión budista japonesa de nuestro alfa y omega.



  • Kagura: una forma de danza-teatro que literalmente significa "entretener a los dioses”; basada en la mitología japonesa, se realiza durante las ceremonias religiosas sintoístas.
  • Oni: Ogros y diablos del folclore japonés
  • Kami: En la religión sintoísta, es el término que designa globalmente a dioses, espíritus, mortales divinizados, antepasados, fenómenos naturales y poderes sobrenaturales.
  • Izanami e Izanagi: Los primeros dioses invocaron a dos seres divinos a existir, el varón Izanagi y la mujer Izanami, y estos crearon la primera tierra habitable.
  • Chappa, Taikos y Shinobue: platillos, tambores y flautas propios del folclore japonés
  • Torii: Puerta tradicional japonesa a la entrada de los santuarios sintoístas. Marca el límite entre el espacio secular y el recinto sagrado del santuario.
  • Momiji: Festivales de celebración del otoño y del colorido de las hojas de los árboles
  • Shōmyō: estilo de canto budista, monofónico y sin instrumentos, de técnica de respiración lenta, donde el tiempo se concibe como un espacio sonoro cíclico. Significa «la voz de la sabiduría»

4/02/25

LOS ONI Y LA PLANTACION DE ARBOLES. Yōkai 8

J
apón siempre ha estado rodeado de una naturaleza imponente y ha experimentado numerosos fenómenos naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis e inundaciones. Si bien sus tierras, ríos, montañas y mares han permitido a los habitantes del archipiélago subsistir, las profundidades de estos lugares han permanecido fuera del dominio humano. Es allí, precisamente, donde habitan todo tipo de criaturas, espiritus y fantasmas que conectan el mundo espiritual con la realidad física: son los conocidos Yokai. A menudo, estos seres son en realidad espíritus caídos en desgracia y miseria, lo que les confiere una naturaleza corrupta o impura que los diferencia de los espíritus sagrados o Kami

Aprovecho en esta entrada la plantación de nuevos cerezos organizada hoy por la Asociación Aragón-Japón en el Parque Labordeta, para hablar de unos de los Yokai mas poderosos, los Oni, y compartir un cuento tradicional que los vincula con la plantación de árboles y preservación de la naturaleza



Oni, el monstruo más temible de Japón

Los Oni son quizá los yokai más fuertes y peligrosos. A diferencia de otros, no están limitados a leyendas locales o territorios específicos, pues su origen se remonta al budismo y a la historia primitiva de Japón. Estos ogros de cuerpos altos y robustos y piel roja o azul, destacan por sus cuernos afilados, sus colmillos prominentes y el enorme garrote que siempre llevan consigo. Además, son expertos en la tortura y disfrutan devorando carne humana.

A través del budismo, los Oni se consolidaron como guardianes del infierno, con la tarea de vigilar las puertas para evitar las escapadas, mantener las llamas del fuego encendidas y, por supuesto, castigar a las almas condenadas. Si bien los Oni son un tipo de yokai, su poder los sitúa por encima de cualquier otra criatura sobrenatural de esta categoría.


El Oni y el Pacto del Bosque

En una aldea oculta entre las montañas de Japón, circulaba una antigua leyenda sobre un Oni rojo llamado Akaoni. Se decía que este ogro de piel roja y cuernos afilados habitaba en la profundidad del bosque y asaltaba a los viajeros incautos.

Un día, un joven llamado Haru decidió adentrarse en el bosque para demostrar que aquella historia no era más que un cuento de ancianos. Caminó durante horas hasta que, al llegar a un claro, encontró una pequeña cabaña de madera. La puerta se abrió con un chirrido, y de la oscuridad emergió una figura imponente: Akaoni. El Oni lo observó con sus ojos brillantes y le habló con voz profunda: 

 - Si has venido a desafiarme, no perderé el tiempo y te devoraré. Pero si buscas otra cosa, habla ahora.


Haru, tembloroso, recordó las historias terribles que le habían contado y, en lugar de huir, preguntó:

- ¿Por qué atacas a la gente?

El Oni soltó una carcajada.

- No los ataco; solo protejo este bosque. Hace años, los humanos intentaron talarlo, y yo los ahuyenté. Ahora, los viajeros que entran con malas intenciones los hago desaparecer… pero los que vienen con respeto pueden marcharse en paz.

Haru, sorprendido, se dio cuenta de que el Oni no era un monstruo irracional, sino un guardián.

- ¿Cómo puedo demostrarte mi respeto?

El Oni sonrió y le entregó una semilla.
 
- Plántala en tu aldea. Si crece fuerte, significará que todavía hay esperanza para los humanos y que éstos y los espíritus Yokai aún pueden convivir.

Haru regresó y plantó la semilla. Con el tiempo, creció un árbol majestuoso que daba frutos dorados, y la aldea prosperó sin necesidad de invadir y destruir el bosque. Desde entonces, la historia del Oni dejó de ser un cuento de miedo y se convirtió en una lección de respeto entre humanos, yokais y naturaleza.


Plantación de cerezos en el jardín japonés del Parque Labordeta 2025