bordamos en esta entrada algunas singularidades antropológicas de Japón que vinculan la percusión tradicional y el taiko en particular, con su origen ancestral y con la pervivencia popular de creencias animistas y mágicas en sus gentes y territorios.
Desde su raíz shintoísta, el uso del taiko se ha vinculado estrechamente con rituales que honran a los espíritus de la naturaleza, los kami. En muchas festividades y matsuri, el taiko actúa como saludo a las deidades y como medio de limpieza espiritual de los espacios sagrados, abriendo canales de conexión con lo divino. Para el shintoísmo, el sonido del tambor lleva unido un poder espiritual; sus ritmos son considerados ecos de la naturaleza y representan la voz misma de los kami. Así, el taiko marca habitualmente el inicio de las ceremonias en templos y santuarios, creando un puente entre el mundo humano y el espiritual.
Sin embargo, en su dimensión más espiritual, el taiko remite también a manifestaciones anteriores a las religiones institucionales de Japón, y se conecta con un pasado animista y chamánico, profundamente enraizado en sus prácticas de invocación, sanación y purificación. Dentro de ese chamanismo japonés, como también ocurre en otros contextos culturales y territorios, el tambor opera en dos niveles fundamentales: la energía y el ritmo, canales ancestrales de comunicación con lo espiritual. En los rituales chamánicos, se emplea para invocar, proteger, purificar o sanar y el sonido vibrante del taiko funciona como herramienta de mediación entre el mundo físico y el espiritual, facilitando trances y estados de conciencia alterados en los que la intención humana se alinea, en su creencia, con la energía cósmica.
Describiremos algunas dimensiones (y actores) de esta relación:
Como herramienta de invocación de los espíritus kami.
Los taikos tradicionales no son solo instrumentos musicales, sino también vehículos espirituales. En ceremonias shintoístas, el ritmo repetitivo del tambor sirve para convocar a los kami, que según el imaginario japonés habitan en la naturaleza o en sus elementos.
Particularmente en zonas rurales y en prácticas vinculadas a las Miko de templos y santuarios -las sacerdotisas shintoístas-, los taikos se utilizan para invocar espíritus, purificar espacios y proteger a la comunidad de influencias negativas. El sonido del tambor establece una vibración que despierta la presencia divina y conecta el plano humano con el espiritual. En concreto, las Kuchiyose Miko actúan como médiums de los espíritus, hablando en nombre de los difuntos y aún pueden encontrarse en algunas zonas, sobre todo en el noreste de Japón.
Mikos shintoistas, danza Kagura y Chieko Kojima. Fot: Royumi-world.com & sophoco
Las miko representan una antigua forma femenina de mediación espiritual, relacionada con el chamanismo prebudista y el culto a los kami. Sus prácticas incluían el trance y la posesión espiritual -kamigakari-, actuando como médiums transmisores de los mensajes divinos a la comunidad.
Una de sus expresiones más conocidas es la danza ritual Kagura, cuyo significado literal es “entretenimiento de los dioses”. Esta danza sagrada, ejecutada por una miko, busca invocar a los kami y, en ocasiones, facilitar la posesión espiritual. Se divide en dos partes: una fase ritual que prepara el espacio y otra escénica, que entretiene tanto a los dioses como al público. Aunque muchas representaciones actuales han perdido su carácter ritual y espiritual, en el pasado estas danzas eran centrales en festividades religiosas.
El acompañamiento musical del Kagura incluye suzu (cascabeles) y taikos tocados por monjes, así como otros objetos rituales como los gohei (bastones con tiras de papel), o los espejos kagami, que refuerzan la conexión con el plano espiritual. El Tamafuri -sacudiendo el espíritu- es la práctica en la que las miko agitan el gohei para invocar a los kami y las energías espirituales positivas, y el Chinkon es el ritual de pacificación de los espíritus en el que las miko realizan movimientos específicos y cánticos para calmar su inquietud y atraer la paz; éste es, en origen, un ritual para asegurar y fortalecer o rejuvenecer el alma de una persona moribunda.
Quiero recordar aquí a la gran Chieko Kojima que nos ha visitado varias veces en Zaragoza, desarrollando junto al dúo Tomorō, magníficos conciertos y masterclass para nuestro grupo Kamidaiko. Muchas de sus coreografías y performances incorporan los gestos fluidos y postura ritual, el vestuario ceremonial y la narrativa mitológica propios de las Miko del Kagura, aunque reinterpretado en lenguaje contemporáneo.
Pero más allá del Kagura, muchas danzas tradicionales vinculadas al taiko poseen claras raíces chamánicas. Especialmente en el contexto de los matsuri o rituales agrícolas, los movimientos coreográficos que acompañan al tambor convierten al cuerpo humano en un canal de energía espiritual. En estas ocasiones, el tambor no solo tiene una función musical, sino que regula el flujo de las energías físicas y espirituales.
En ceremonias shintoístas y festividades populares, el taiko se emplea habitualmente en rituales de purificación. Durante los matsuri, además de su valor musical, su sonido sirve para expulsar espíritus malignos, eliminar energías negativas y crear una atmósfera propicia para la comunión con lo divino.
Este uso se asemeja a otras prácticas chamánicas presentes en muchas culturas, donde la música y la percusión actúan como vehículos para restaurar el equilibrio espiritual. Los ritmos del taiko purifican el espacio energético y facilitan la sanación o la comunicación espiritual. Su sonido puro y rítmico expulsa las energías negativas, ahuyenta los espíritus malignos, limpia espacios rituales, concentra la energía espiritual del/la chamán, e invoca a los espíritus ancestrales y deidades benévolas.
Las Itako de Aomori en ceremonial de Kuchiyose. Fot: Henry Johnson
Durante el festival de las Itako en el monte Osore, al norte de Honshū, dedicado especialmente a los muertos familiares y la conexión con los antepasados, hay procesiones y ceremonias donde a menudo se escucha el taiko tocado por monjes o asistentes al festival, y acompaña algunas fases públicas de los rituales, especialmente las de apertura o cierre, donde se purifica el recinto entero o se llama la atención de los ancestros.
Las Itako, médiums ciegas de la prefectura de Aomori, representan una tradición espiritual japonesa fuertemente asociada al trance y la comunicación con los muertos -ceremonia del kuchiyose-. En sus rituales utilizan diversos instrumentos de percusión como suzu, pequeños tambores chamánicos, tsuzumi (taikos de hombro) o simples tablillas (hyoshigi). Estos elementos son esenciales para inducir el trance y facilitar el kamigakari o posesión.
Itako ciega tocando el Azusa Yumi (Arco de Catalpa) en el ritual del Kuchiyose
Su ritual típico incluye:
- Toques iniciales de campanillas y pequeños tambores.- Invocación: a través de cantos y percusión rítmica (con azusa yumi / música de los dioses).- Trance: sostenido por el ritmo acelerado.- Purificación final: mediante golpes de tambor y sal esparcida en círculo.
El taiko, la danza Eisa y el chamanismo forman parte de un complejo entramado cultural que combina espiritualidad, arte y tradición comunitaria, dentro de la cosmovisión e historia del archipiélago Ryūkyū al que pertenece la isla de Okinawa. Aunque el taiko no es aquí un instrumento central como en el resto de Japón, existen rituales en los que el tambor se integra en las ceremonias de invocación a los espíritus.
En esta isla, los taikos se ligan sobre todo a la danza Eisa, aunque también se utilizan en otros contextos rituales y festivos. Suelen ser más pequeños y portátiles que los taiko tradicionales del Japón continental, y los hay también de mano o Paranku. Además, se acompañan con música de Sanshin, el instrumento de tres cuerdas típico de Okinawa. La función del taiko es no solo artística sino ritual y su sonido pretende ahuyentar malos espíritus y honrar a los ancestros.
En esta isla, los taikos se ligan sobre todo a la danza Eisa, aunque también se utilizan en otros contextos rituales y festivos. Suelen ser más pequeños y portátiles que los taiko tradicionales del Japón continental, y los hay también de mano o Paranku. Además, se acompañan con música de Sanshin, el instrumento de tres cuerdas típico de Okinawa. La función del taiko es no solo artística sino ritual y su sonido pretende ahuyentar malos espíritus y honrar a los ancestros.
Yutas de Okinawa en purificación y danza Eisa. Fot: WordPress.com
Las Yuta -médiums curanderas-y otras figuras chamánicas de Okinawa como las Noro -sacerdotisas-, que realizan ceremonias de purificación o sanación, suelen usar el sonido de tambores para facilitar el trance y las comunicaciones con el mundo espiritual, abriendo portales entre los diferentes planos de existencia.
La danza Eisa es una expresión cultural emblemática de Okinawa, especialmente visible durante el Obon o festival de los muertos del verano. El taiko en esta danza tiene de nuevo la función específica de canal espiritual; el sonido del tambor marca el ritmo del paso y el movimiento de los espíritus durante el Obon. Más allá de su expresión cultural, esta danza es un rito ligado al pensamiento espiritual del chamanismo local, que no es otro que mantener la armonía entre los vivos y los muertos.
A través de la danza y la música, los participantes buscaban comunicarse con los antepasados, honrarlos, y pedirles bendiciones o protección. En este contexto, la danza no solo era una forma de entretenimiento, sino una práctica profundamente espiritual. Esta invocación de los espíritus de los ancestros está relacionada con la creencia en la existencia de un mundo espiritual que influye permanentemente en la vida cotidiana de los okinawenses; su danza Eisa guía las almas de los ancestros y asegura su presencia protectora en las familias y la comunidad.
En algunos casos, los bailarines entran en un estado de trance chamánico que es inducido por el ritmo repetitivo e hipnótico de los tambores. Los bailarines suelen usar vestimentas tradicionales que pueden incluir máscaras o adornos que representan figuras mitológicas o espirituales. Estas vestimentas y máscaras no son meramente decorativas, sino que están destinadas a transformar al bailarín en un ser que se conecta con el mundo de los espíritus, común a las danzas chamánicas de otras culturas.
Esta danza se ejecuta en grupo y la comunidad juega un papel crucial en los rituales, donde la energía colectiva amplifica la conexión con el plano espiritual. La sincronización y armonía de movimientos también son vistas como una forma de alineación con las fuerzas invisibles que rigen el mundo isleño.
Y también en el ascetismo de la montaña
Hablemos ahora de los Yamabushi, que es una tradición espiritual japonesa única, profundamente arraigada en el sincretismo religioso y las prácticas ascéticas de montaña. Los Yamabushi (literalmente “los que se acuestan en la montaña”) son ascetas y practicantes del Shugendō, una tradición espiritual sincrética que combina elementos del budismo esotérico, el taoísmo chino, el animismo indígena japonés y sus kami shintoístas, y algunos otros elementos chamánicos pre budistas.
Son figuras que buscan la iluminación y el poder espiritual a través de rigurosas prácticas en la naturaleza, especialmente en las montañas sagradas. Los Yamabushi heredan y adaptan muchas prácticas del antiguo chamanismo japonés de las Miko, que el shugendō incorporó a su sistema monástico adaptándolas a la perspectiva budista y esotérica. Su práctica está centrada en el contacto profundo con la naturaleza, la meditación y los rituales en las montañas sagradas; los Yamabushi no solo son monjes, sino también peregrinos que buscan la iluminación a través de austeridades y penitencias físicas y espirituales. La música y la percusión juegan un papel esencial en sus prácticas y ritos, tanto de purificación de espacios y personas como de invocación a los espíritus de la montaña:
El acto de tocar música o percusión para los Yamabushi no solo es un rito físico, sino una experiencia profundamente espiritual. Cada golpe de tambor es considerado una llamada o un golpe de conexión con lo divino. El sonido se percibe como una vibración que resuena no solo en el entorno físico, sino en el cuerpo y alma del practicante y en el plano espiritual.
Son figuras que buscan la iluminación y el poder espiritual a través de rigurosas prácticas en la naturaleza, especialmente en las montañas sagradas. Los Yamabushi heredan y adaptan muchas prácticas del antiguo chamanismo japonés de las Miko, que el shugendō incorporó a su sistema monástico adaptándolas a la perspectiva budista y esotérica. Su práctica está centrada en el contacto profundo con la naturaleza, la meditación y los rituales en las montañas sagradas; los Yamabushi no solo son monjes, sino también peregrinos que buscan la iluminación a través de austeridades y penitencias físicas y espirituales. La música y la percusión juegan un papel esencial en sus prácticas y ritos, tanto de purificación de espacios y personas como de invocación a los espíritus de la montaña:
El taiko es comúnmente usado en contextos de invocación de energías espirituales y purificación y los Yamabushi los emplean durante las procesiones y para marcar el ritmo de las oraciones. El sonido del tambor, especialmente en su forma más primitiva, es visto como un medio para conectar con las vibraciones del universo y como canal hacia los espíritus; su ritmo actúa como una llamada a los dioses y es deliberadamente repetitivo, con la intención de inducir estados de contemplación. La sincronización es crucial, ya que la música busca alinearse con el fluir del tiempo y la energía del universo.
La "Caracola de los Yamabushi", también conocida como Horagai, es una trompeta de concha de charonia tritonis utilizada por los monjes que, más allá de su función musical, tiene un significado espiritual y ritual en la práctica del Shugendō. El Horagai se utilizaba para comunicarse entre los Yamabushi mientras recorrían las montañas, dar avisos o señalar su presencia. En el Shugendō, el sonido del Horagai se considera la voz del Dharma, la enseñanza budista, y también se utiliza para invocar la energía espiritual y la protección. Los Yamabushi a veces usaban el Horagai como acompañamiento musical para sus prácticas religiosas, como la recitación de sutras.
Los sonidos de la naturaleza: Los Yamabushi consideran que los sonidos de la naturaleza son extensión de su música instrumental. El viento, el agua y el crujir de los árboles tienen un papel integral en sus meditaciones y rituales. En muchas ocasiones, los tambores y otros instrumentos musicales se tocan al aire libre, en medio del bosque o en las montañas, fusionando sonidos naturales con los producidos por los músicos.
El acto de tocar música o percusión para los Yamabushi no solo es un rito físico, sino una experiencia profundamente espiritual. Cada golpe de tambor es considerado una llamada o un golpe de conexión con lo divino. El sonido se percibe como una vibración que resuena no solo en el entorno físico, sino en el cuerpo y alma del practicante y en el plano espiritual.
En una nueva entrada comentaremos el caso singular de los indígenas Ainu de la isla de Hokkaido, de etnia, lengua y cultura diferentes a los yamato del resto de islas de Japón; tienen además, una vinculación ancestral a poblaciones continentales y siberianas de las que conservan estructuras culturales chamánicas muy evidentes.
Ref:
Carmen Blacker – The Catalpa Bow. Examen profundo de miko, itako, trance y ritual
Mircea Eliade – Shamanism: Archaic Techniques of Ecstasy. Perspectiva global, incluye Asia
János Kárpáti (2013–14). Music of female shamans in Japan. Ritual practicada por miko e itako
Anthony Rausch (2021). Reseña a Tsugaru no Itako de Sasamori Takefusa. Itako y sonido como herramienta chamánica
Silvia Rivadossi (2021). Researching Shamanism in Contemporary Japan . Itako y yuta modernas
Matthew Allen (2016). Resurgimiento del chamanismo okinawense
Hori Ichirii (1975). Shamanism in Japan. Histórico del chamanismo japonés



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