Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de
antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija
de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la
pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las
Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he
seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones
culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta
volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué
en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018
cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un
auténtico flash emocional...
Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que
coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa,
arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi
experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden
ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los
errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera
responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os
tomáis la molestia de visitar estas páginas. Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza
o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho-
al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por
interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título
del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran
haijin.
Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".
11000 a 500 aec. Desde la cultura de cazadores-recolectores y el culto a la naturaleza del paleolítico superior, al inicio en Japón de la cerámica y el animismo. Es el periodo Jomōn.
500 aec. a 300 dec. Periodo Yayoi del neolítico japonés y el inicio del cultivo de arroz, el uso del metal y el culto a la fertilidad. Surgen el chamanismo y sus ritos de trance acompañados de danza y percusión; aparecen también las estatuillas de la diosa madre (de las que luego derivará Amaterasu), el culto a los antepasados y la aparición de primitivas Itako mediadoras.
300 a 600 dec. Periodo Kofun de túmulos megalíticos; surge el shintoísmo, sus santuarios primitivos y el culto a Amaterasu, la diosa del Sol. Los Kami -espíritus de la naturaleza- son la oposición local a los nuevos Budas importados: es la vía de los Kami -el shinto-, frente a la vía de los Budas. Aparece la primera representación del taiko en una figurilla funeraria haniwa.
500 a 800. Periodo Asuka. Expansión del Budismo. El Emperador, descendiente de Amaterasu, es el líder religioso, político, militar y económico de Japón. Extensión del uso de tambores rituales, que en Japón se denominan taikos.
800 a 1800. Desde el periodo Heian al Edo, en el que se prohíbe el cristianismo, se universaliza el budismo y se produce el sincretismo kamis-budas. El emperador queda reducido a líder religioso y el poder reside en los señores feudales y sus tropas samurais. Matsuo Bashō, 1644-1694, fué el poeta viajero que cultivó y consolidó el haiku de la sencillez y espiritualidad.
1868. Restauración Meiji y dictadura militar. Separación Budismo-Shintoismo y promoción del nacionalismo religioso. Prohibición de las Itako de Aomori y de las prácticas chamánicas en las islas de Hokkaido (los Ainus) y Ryukyu (las Noro).
II Guerra mundial y ocupación aliada. Prohibición del Shintoismo estatal. El Emperador renuncia al carácter divino. Tras la guerra, el taiko tradicional de uso individual en ceremonias festivas y religiosas, se comienza a interpretar en conjunto o agrupación -kumidaiko-.
PJ Hirabayashi, nikkei americano-japonesa, fue directora artística y miembro fundador de San Jose Taiko, un conjunto de taikistas de nivel internacional. Ella es una pionera del taiko en EEUU y reconocida en la comunidad mundial de taiko por su estilo particular que combina movimiento, danza, percusión, alegría, fluidez y energía.
“La razón por la cual me identifiqué tanto con el taiko es que me transmitía una sensación de fortalecimiento personal a través de su energía, y no encontraba ninguna otra área de la cultura japonesa en la que pudiera desenvolverme. La danza tradicional no era para mí y tampoco el arreglo floral o la ceremonia de té; simplemente no eran lo mío. A mi me interesaba todo lo relacionado con el esfuerzo físico, las artes marciales, la disciplina o lo teatral. En definitiva, todo lo que me podía mantener activa y receptiva.”
Técnicas chamánicas de trance y viaje a través de la danza, la luz y el ritmo
Derviches giróvagos
La danza y más en concreto, el giro y el balanceo, son técnicas y expresiones que han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos en todos los ritos “religiosos”, ceremonias y pasajes de iniciación; el ser humano ha encontrado así el modo de explorar su cerebro mediante un masaje sutil en diversas áreas del mismo, producido por compresión y descompresión de la masa cerebral; son experiencias y habilidades específicas que transforman la percepción del ejecutante hacia sensaciones de mayor fuerza y capacidad. Aceleran cambios profundos en el psiquismo, en las emociones, en el rendimiento cognitivo y en el ánimo de quien los practica.
Algo similar ocurre con la luminosidad interior o alucinación visual creada por una fuente de luz adecuada, sol, focos, estroboscopio, etc. y que llamamos fosfenos. Esta alucinación está directamente relacionada con la actividad cerebral del sujeto y provocada por la excitación del nervio óptico mediante agentes químicos o físicos, el dolor, la migraña, el ayuno, la danza y accidentalmente, por un estornudo, un golpe en el ojo o un intenso deslumbramiento. Ese sol interior, esa luz entre los dos ojos a la altura del entrecejo, pulsa, vibra, gira, se desvanece, con un ritmo propio del estado mental de cada sujeto que realiza la experiencia; por ejemplo, la luz interior aparece cuando nos balanceamos a un ritmo fijo, un ritmo de un segundo por cada lado, es decir, un segundo nuestro cuerpo y/o nuestra cabeza se mece hacia un lado y un segundo hacia el otro.
Como se ha comentado en otra entrada previa, muchos nativos se refieren al sonido del tambor del chamán como el “latido de la tierra”. Debemos considerar que la frecuencia de resonancia electromagnética del planeta, que se sitúa en los 7,5 ciclos por segundo, resulta equivalente a la de las ondas cerebrales theta de los humanos. Aunque su vinculación sigue siendo objeto de investigación científica, parece plausible, por ejemplo, que el sonido del tambor pudiera permitir al chamán alinear sus ondas cerebrales con esa resonancia y, por tanto, con “el latido de la tierra”.
Las ondas theta -de entre 4 y 8 ciclos/s- se asocian con la transición del sueño a la vigilia, la relajación profunda y la ensoñación, y también están relacionadas con la creatividad, la intuición y algunos estados meditativos. La sincronización sonora con estas emisiones hace que nuestro cuerpo adquiera mayor receptividad y aumenta la velocidad de concentración. Por otra parte, el toque rítmico del tambor libera en el ejecutante hormonas de tipo dopamina y serotonina, responsables del placer, el estado de ánimo y la motivación, así como las endorfinas, que incrementan la sensación de felicidad. Son sensaciones de energía positiva que suelen relatar los miembros de las formaciones kumi-daiko; es decir, de los conjuntos organizados de taikistas.
Es un virtuoso intérprete de Tsuzumi en el mundo tradicional del teatroNō, pero pasa también por ser un artista innovador de ritmos potentes y pulsantes que resuenan en la naturaleza japonesa y en la vida misma. Nacido en 1955, está oficialmente acreditado como poseedor de un bien cultural intangible. Es el hijo mayor del gran maestro de la escuela Ōkura de músicos de tsuzumi -taiko de mano para hombro o cadera-. Entrenado con su padre y su abuelo, actuó por primera vez en el escenario a los nueve años.
El sonido penetrante y agudo del tsuzumi de Ōkura Shōnosuke tiene efectos electrizantes o sedantes en el que escucha. Este pequeño tambor de mano tiene dos pieles montadas sobre aros metálicos y unidas por cuerdas en un cuerpo de madera con forma de reloj de arena, un diseño simple que se ha mantenido sin cambios durante siglos y es muy utilizado en nagauta, un tipo de música tradicional que se toca junto al shamisen en el teatro kabuki, para acompañar la danza y proporcionar interludios reflexivos. La peculiaridad del tsuzumi es la necesidad de humedad para producir el sonido deseado; por ello, antes de tocarlo, se respira cerca de sus membranas. Además, la fuerza de agarre alrededor de las cuerdas hace variar la tensión que permite interpretar diferentes afinaciones. Es probablemente el taiko más antiguo conocido en Japón, con un origen vinculado al primitivochamanismo previo al periodo Kofun o de los túmulos megalíticos -200 a 500 dne.-.
El tsuzumi es capaz de producir frecuencias más allá del rango de la audición humana, ejerciendo un profundo efecto curativo, “como si uno estuviera de pie en un denso bosque”. El tsuzumi es también uno de los cuatro instrumentos básicos del conjunto instrumental del teatro Nō.
“El pulso que emana del cuerpo de madera de cerezo y las pieles de caballo de un tsuzumi, trascienden el espacio y el tiempo, haciendo eco a través de la inmensidad del propio cosmos.”
El sonido del tsuzumi de Ōkura posee una fuerza poderosa que impregna nuestro ser y conmueve nuestras almas. También resuena con una especie de "pureza que despierta en nosotros la conciencia de que nuestra civilización material ha ido demasiado lejos".
Recuerda Ōkura una noche en la que reunió a amigos para una actuación de tsuzumi “junto al mar bajo la luna llena. La noche estuvo impregnada de una fuerza mística perdida hace mucho tiempo en nuestras ocupadas y modernas vidas. La luna y el viento, el sonido de las olas y el sonido del tambor se fusionaron en uno, lo que permitió a todos los presentes, compartir una experiencia inolvidable que ha posibilitado nuevas conexiones y posibilidades”.
Ōkura Shōnosuke ha guiado su camino en la creencia de que "las artes escénicas, a lo largo del tiempo, han tenido el poder de elevar el corazón humano; en el teatro nō, las celebraciones del espíritu no se expresan directamente, sino a través de la abstracción y los símbolos. Es un proceso continuo de armonizar el pulso de la vida con el latido del corazón del universo".
El papel de Ōkura en el escenario es, por lo tanto, expresar continuamente su conocimiento sobre esa armonía con la naturaleza a través del tsuzumi.