propósito de la inauguración de la nave de Forja Ferrero.
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| el herrero Tetsunosuke forjando el tambor de Raijin |
Cuento del herrero y el taiko del trueno
En los días antiguos, cuando los kami aún caminaban entre los hombres existía, en un oculto valle junto al monte Aso en la isla de Kyushu, un katanakaji -forjador de espadas- llamado Tetsunosuke no Kaji. Su fragua ardía desde el alba hasta la caída del sol, y el sonido de su martillo era como el latido del corazón de la tierra.
Pero aquel año, los cielos parecían haberse dormido. Las nubes huyeron, los ríos callaron, y la voz del trueno se apagó. El pueblo clamó en los templos por el agua, pero ni los odaikos sagrados ni los cantos lograban despertar la lluvia.Una noche de luna menguante, cuando el herrero templaba una hoja de katana para el santuario, oyó un rumor profundo, más hondo que el retumbar del monte: un taiko resonaba entre las montañas. Dejó su martillo y siguió el eco hasta el claro donde los cedros se abren al cielo. Allí lo aguardaba un anciano de ojos de tormenta y barba blanca como la espuma del mar. El anciano habló, y su voz traía olor a ozono y viento:
- “Yo soy Raijin, el que danza en las nubes y hace sonar los truenos. Mi tambor sagrado se ha quebrado, y sin su sonido no puedo llamar al agua del cielo. Forja para mí, herrero, un nuevo taiko, no de madera muerta sino de metal viviente, templado en el fuego y en la fe.”
- ¡DOOOOON!
Desde entonces, cuando los taikos resuenan en los matsuri y el trueno responde desde lo alto, los ancianos dicen:
- “Escuchad bien: ese ruido lejano es el katanakaji Tetsunosuke, que aún forja el tambor del trueno para que la lluvia no se olvide de caer.”

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