SALUDO Y BIENVENIDA

Oí hablar por primera vez del taiko japonés en 1985 haciendo estudios de antropología médica en México a través de una querida profesora nikkei -hija de emigrantes japoneses-, Sayoko Kageyama. También con ella me enteré de la pervivencia de ciertas formas de chamanismo en Japón y particularmente de las Itako, sobre las que volveré más veces en el blog. Pues bien, aunque he seguido interesado profesionalmente en el chamanismo y en las interpretaciones culturales de los fenómenos de salud y muerte, han pasado más de 30 años hasta volver a contactar específicamente con el mundo y la cultura del taiko. Y fué en un taller/demostración de taiko para niños en el Pilar zaragozano de 2018 cuando escuché el "gran tambor" a manos de Kumiko Fujimura; y fué para mí un auténtico flash emocional... 

Y ahora, después de participar estos años en el grupo Kamidaiko que coordina Kumiko, y quedar seducido por esta manifestación cultural japonesa, arranco este blog con unos cuantos apuntes y reflexiones personales en torno a mi experiencia, emociones, trabajos y lecturas sobre el taiko, que pueden ilustrar esta travesía por algunos aspectos de la rica cultura japonesa. Los errores e inexactitudes que seguro encontrareis son de mi entera responsabilidad y ruego que me los hagáis saber, para rectificarlos, si os tomáis la molestia de visitar estas páginas.  Siguiendo las normas de educación, saludo con una leve inclinación de cabeza o, si se prefiere, juntando frente a la boca las palmas de las manos -gassho- al modo budista, o de las dos maneras a la vez. En todo caso, gracias por interesaros en el blog y, por supuesto, en el taiko. Ah, y la rana del título del blog es, por supuesto, la del haiku del estanque de Bashō, el gran haijin. 

Para abrir boca, os dejo con Kodo y el poderoso sonido del "Gran tambor".

6/28/24

EL YŌKAI KITSUNE Y SU MÁSCARA EN LA MITOLOGÍA JAPONESA. Yōkai 3

E
n la cultura japonesa, los Kitsune son seres míticos del shintoismo asociados con los zorros y los espíritus protectores de bosques y aldeas. Estos seres ambivalentes se dividen en dos categorías principales: los Zenko, que representan a los zorros celestiales buenos, y los Yako, que son los zorros de campo maléficos. Los kitsune pueden tener de una a nueve colas, y cada número creciente de colas representa mayor edad, sabiduría y poder.

Los kitsune “zenko” están vinculados a Inari, la diosa de la fertilidad y del arroz, y actúan como mensajeros de la kami y como guardianes espirituales de la población local. Son también símbolo de prosperidad y riqueza asociadas a la importancia del arroz en Japón desde los comienzos de su historia; los zorros cazan a los roedores que se comían el arroz de los cultivos y, por tanto, no solo Inari, sino también los propios kitsune eran objeto de veneración.



Kitsunes de Inari.  Fot: E. Orandajin & Aichi-Now.jp


Con sus ojos almendrados y una expresión astuta, el zorro simboliza al espíritu Kitsune y representa tanto la astucia y la inteligencia como la benevolencia y la protección. El zorro es un animal yōkai, es decir,  sobrenatural, que no alcanza la categoría de kami o espíritu sagrado, aunque los protegen, con la habilidad de cambiar de forma y apariencia humana. Existen muchos santuarios shintoistas dedicados a Inari y protegidos por estatuas de kitsune ataviadas con sus baberos rojos porque, en el shinto, el rojo es el color de los dioses y se dice que protege de las enfermedades y la energía malévola.

Un dato curioso es que desde la época Heian y hasta principios del siglo XX se diagnosticaba una enfermedad psicológica exclusiva de Japón llamada “kitsunetsuki”. Los enfermos/as de esta rara enfermedad, creían estar poseídos por un zorro y sus síntomas incluían antojos, aversión al contacto visual y, en algunos casos, la expresión facial del enfermo cambiaba de forma parecida a la de un zorro, con cabello erizado y crecimiento de caninos y orejas.



Mascara de Kitsune en el matsuri.   Fot: mitologiamundial.com


En el folclore japonés hay multitud de obras del teatro noh y kabuki que se derivan de los cuentos tradicionales de los kitsune, y en muchas ceremonias y festivales se usan sus máscaras como símbolo de sabiduría y astucia. Las máscaras Kitsune, inspiradas en su mitología, presentan una amplia variedad de diseños, expresiones faciales y características, que reflejan la personalidad y el carácter del zorro; se ven por todas partes y han llegado a convertirse en iconos (turísticos) del propio Japón.




UN CUENTO DE KITSUNE. EL TESORO DEL ZORRO BLANCO

Hace mucho tiempo, en una aldea escondida entre densos bosques, vivía una niña llamada Kaori. Tenía el cabello oscuro y unos ojos muy brillantes que mostraban su espíritu curioso y valiente. Un día, mientras Kaori exploraba el bosque, encontró un zorro blanco con ojos que parecían estrellas. El zorro se llamaba Hikaru y le habló a la niña con una voz muy dulce para pedirle un favor.

Hikaru estaba convencido del buen corazón y generosidad de Kaori y le pidió ayuda para encontrar un tesoro que habían robado unas malvadas y avariciosas personas. A cambio, prometió a Kaori recompensarla concediéndole un deseo. La niña, muy intrigada y emocionada, aceptó ayudar al zorro.

Con la magia que le facilitó Hikaru, Kaori se adentró en un extenso laberinto de cuevas y caminos secretos y pasó por muchas pruebas y peligros, demostrando lo decidida, valiente y lista que era. Al final de ese camino encontraron al fin el tesoro que buscaba el zorro blanco, una joya brillante y preciosa.

Pero el caso es que Kaori, pensando en el bienestar de su aldea, decidió dejar el tesoro donde estaba y, en lugar de pedir algo para ella, le pidió a Hikaru que protegiera su aldea. El zorro blanco, muy impresionado por la nobleza de corazón de Kaori, cumplió su promesa. Desde aquel dia Hikaru se convirtió en el guardián protector de la aldea, trayendo prosperidad y seguridad a todos, y Kaori y sus vecinos de la aldea vivieron felices y seguros, sabiendo que siempre tendrían un amigo en el zorro Hikaru.

Y es que Kaori regresó a casa llevando consigo la sabiduría del zorro y la certeza de que su valentía había creado un lazo especial entre los humanos y los seres mágicos, los yokais kitsune del bosque.







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