os Yōkai, como los Kami, son seres espirituales del animismo japonés, pero los primeros son criaturas sobrenaturales del folklore y las leyendas, mientras que los segundos son deidades o espíritus sagrados del shintoismo.
Hoy hablamos de los yōkai que son todas esas especies de "no humanos" que en la mitología japonesa no son objeto de culto y, en consecuencia, no pertenecen al mundo divino del panteón shintoista. En relación con los humanos, se pueden comportar de manera ambivalente, favorables o peligrosos; se trata mas bien de expresiones de una naturaleza salvaje, amenazante, imprevisible e incontrolable, reacia incluso a su pacificación mediante cultos o rituales. Es el caso, por ejemplo, de los oshidori, referencia mítica de la fidelidad eterna. Y va su cuento:
Erase una vez un halconero y cazador llamado Sonjó que vivía en el distrito conocido
como Tamura-no-Gó, en la provincia de Mütsu. Un día salió a cazar, aunque sin
éxito. Sin embargo, en el camino de regreso a casa, en un lugar llamado
Akanuma, se fijó en una pareja de oshidori -patos mandarines- que nadaban juntos
en un río que se disponía a cruzar.
Matar oshidoris no está bien pensó pero, como estaba muy hambriento, Sonjó
resolvió disparar contra la pareja. Su flecha atravesó el cuerpo del macho,
mientras que la hembra huyó a cobijarse entre los juncos de la orilla opuesta,
hasta desaparecer. Sonjó recogió el cadáver del pato, cargó con él hasta su casa
y lo cocinó.
Esa noche tuvo un sueño espantoso. Le pareció que una
hermosa mujer se adentraba en su cuarto, se situaba de pie junto a su almohada y
rompía a llorar. Tan amargo era su llanto que Sonjó sentía como si su corazón se
desgarrase al escuchar aquellos sollozos. Y la mujer le gritó:
¿Por qué, oh, por qué lo mataste? ¿Qué daño había hecho...?
Éramos tan felices en
Akanuma, ¡y tú has acabado con su vida...!
Él no te ha causado ningún daño.
¿Sabes siquiera lo que has hecho...? ¡Oh! ¿Eres consciente de la crueldad de tu acto...?
También a mí me has matado..., ¡pues sin mi marido no
viviré...!
Tan solo he venido para decírtelo...
Y de nuevo rompió a llorar a
moco tendido, con tanta amargura que su llanto conmovió a su oyente en lo más
íntimo. Luego le recitó este poema:
¡Al declinar la tarde, lo invité a regresar a mi lado...
Ahora me toca dormir sola a la sombra de los juncos de Akanuma…!
¡Ah, qué inefable desdicha!.
Y tras declamar estos versos, exclamó:
¡Ah, no te das cuenta, no eres consciente de lo que has hecho!
¡Al declinar la tarde, lo invité a regresar a mi lado...
Ahora me toca dormir sola a la sombra de los juncos de Akanuma…!
¡Ah, qué inefable desdicha!.
Y tras declamar estos versos, exclamó:
¡Ah, no te das cuenta, no eres consciente de lo que has hecho!
Pero mañana,
cuando vayas a Akanuma, verás...
Ya verás, ya...
Una vez dicho esto, y tras un patético llanto, se marchó. A la mañana siguiente, al despertar Sonjó, el sueño seguía tan vivido en su mente que se sintió muy apesadumbrado. Recordó las palabras: «Pero mañana, cuando vayas a Akanuma, verás... Ya verás, ya...». Y decidió que se dirigiría allí cuanto antes con el propósito de averiguar si aquel sueño tenía algún significado.
De modo que partió hacia Akanuma, y una vez hubo llegado a la orilla del río, vio que la hembra oshidori nadaba a solas. A su vez, el ave reparó en la presencia de Sonjó; pero en lugar de intentar escapar, nadó directamente hacia él sin dejar en ningún momento de mirarlo de un modo muy extraño.
Luego, con el pico, el pájaro desolló de pronto su propio cuerpo, y murió ante los ojos del cazador...
Sonjó se rapó la cabeza y se ordenó sacerdote.
Una vez dicho esto, y tras un patético llanto, se marchó. A la mañana siguiente, al despertar Sonjó, el sueño seguía tan vivido en su mente que se sintió muy apesadumbrado. Recordó las palabras: «Pero mañana, cuando vayas a Akanuma, verás... Ya verás, ya...». Y decidió que se dirigiría allí cuanto antes con el propósito de averiguar si aquel sueño tenía algún significado.
De modo que partió hacia Akanuma, y una vez hubo llegado a la orilla del río, vio que la hembra oshidori nadaba a solas. A su vez, el ave reparó en la presencia de Sonjó; pero en lugar de intentar escapar, nadó directamente hacia él sin dejar en ningún momento de mirarlo de un modo muy extraño.
Luego, con el pico, el pájaro desolló de pronto su propio cuerpo, y murió ante los ojos del cazador...
Sonjó se rapó la cabeza y se ordenó sacerdote.
Ref: Lafcadio Hearn "Espíritus y criaturas de Japón". Edelvives 2023

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