Algo habíamos comentado ya en otra entrada del blog sobre este singular pueblo del norte de Japón. Los Ainu son un grupo indígena afincado en la isla de Hokkaido y en las islas rusas Kuriles y Sajalín, con origen genético y cultural probablemente caucásico y siberiano, diferente a los Yamato del resto de Japón; y el Yukar es un tipo de poesía épica o narración oral tradicional, que relata mitos animistas sobre el origen del mundo, leyes morales, hazañas heroicas e historias de los espíritus Kamuy(*) de los Ainu.
La narración suele ser en primera persona, muchas veces desde el punto de vista de un animal o de un kamuy; en verso libre y con repetición rítmica, muy importante para su transmisión oral. Son recitados tradicionalmente por las chamán -tuskur- o por bardos conocidos como yukaristas.
Aunque es cierto que los Ainu no tienen en el taiko un instrumento central de sus manifestaciones musicales y folclóricas -salvo quizás en su característica danza del oso totémico y la ceremonia ritual del Iyomante de la que hablaremos en otra ocasión-, la percusión y el ritmo tienen un papel importante en la forma en que los yukar se recitan; el ritmo del canto se marca con golpes suaves o repetitivos que pueden hacerse golpeando el suelo, las palmas de las manos o con instrumentos sencillos.
Se cree que este ritmo ayuda a mantener la estructura métrica del relato, ya que muchos Yukar tienen patrones rítmicos fijos, y la percusión ayuda a representar momentos dramáticos, enfatizar acciones y emociones, o mantener la concentración del recitador.
Veamos un ejemplo:
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| Tambores chamánicos Ainu. Museo Etnológico Osaka |


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