ntre los nuevos proyectos de Kamidaiko quiero destacar, por lo peculiar, nuestra participación en la Cabalgata de Reyes 2025 de Zaragoza, donde acompañaremos una simbólica carroza tradicional japonesa con el sonido de nuestros taikos y demás instrumentos. Para quienes no lo sepan, las carrozas tienen un profundo arraigo en la cultura tradicional japonesa, y un ejemplo destacado son las carrozas Yamahoko del festival Gion de Kioto, sobre las cuales comparto un breve apunte en esta entrada.
El festival de Gion, uno de los más importantes matsuris de verano en Japón, transforma la ciudad de Kioto durante todo el mes de julio. Las actividades más concurridas se concentran en el Yoiyama, del 14 al 16 de julio, y el desfile de carrozas Yamahoko, que se celebra el día 17. Este festival, con una larga tradición, sigue vivo gracias a la generosidad de los comerciantes locales, quienes abren sus casas para exhibir exquisitos kimonos y biombos decorados, muchos de ellos con motivos de diferentes partes del mundo
La música es un elemento esencial del Gion Matsuri. Los sonidos característicos de esta celebración resuenan no solo en el distrito de Gion, sino en toda la ciudad de Kioto. Esto es posible gracias a los interpretes del ohayashi, las melodías y orquestas tradicionales que acompañan el festival. Subidos a las carrozas más grandes, los músicos tocan instrumentos típicos como el shinobue y el taiko, vestidos con yukatas y happis.
El festival tiene una fuerte conexión con las creencias sintoístas. Durante estos días, los dioses recorren las calles montados en santuarios portátiles llamados mikoshi. Las carrozas, que aluden a las montañas donde habitan los kami, acompañan a las divinidades y fieles que desfilan juntos, ofreciendo espectáculos como el mencionado ohayashi. Mientras los mikoshi suelen tener forma de santuario, las carrozas presentan una gran variedad de formas. Las más comunes son de dos pisos, con cuatro ruedas y techos curvos.
El Gion Matsuri es pues uno de los tres festivales locales más importantes de Japón, aunque este destaca como el más grande y lujoso. Se celebra anualmente en julio como parte de las festividades del solsticio de verano en el Santuario Yasaka Jinja. Uno de los momentos más esperados son las procesiones de las 34 carrozas que recorren las principales calles de la ciudad. Existen dos tipos de carrozas: las Hoko, de mayor tamaño, y las Yama, más pequeñas. Las hoko, que pueden pesar entre 7 y 12 toneladas y alcanzar los 25 metros de altura, requieren entre 30 y 40 personas que las mueven y hacen girar sobre sí mismas por las calles de la ciudad.
Estas carrozas no utilizan clavos en sus estructuras; todos los elementos están sujetos con cuerdas de paja llamadas waranawa. Entre las carrozas hoko, seis poseen un mástil o shingi ricamente decorado, que simboliza las 66 alabardas utilizadas en los orígenes del festival. Este rememora el año 869, cuando una plaga de peste azotó Japón y el emperador envió un mensajero al Yasaka Jinja para pedir el fin de la misma, acompañado de un encargo de alabardas que representaban las 66 provincias del país. Tras el éxito de la oración, la peste desapareció y el festival fue consagrado como matsuri de manera permanente.
Por su parte, las carrozas yama pesan entre media y una tonelada y alcanzan los 6 metros de altura. Son desplazadas por entre 15 y 25 personas. Existen 23 yama, decoradas con imágenes de profundo significado simbólico y espiritual.Cada carroza es una obra de arte, adornada con textiles procedentes de lugares como la antigua China, Corea, Persia, Francia e incluso Bélgica. Esto resulta sorprendente, ya que durante el periodo Edo, Japón estaba cerrado al exterior. Sin embargo, los comerciantes de kimonos de Kioto lograron sortear estas restricciones e importar objetos exóticos. Así, los tapices que decoran las carrozas representan escenas de Helena de Troya, vestimentas holandesas, así como figuras de ascetas y sabios taoístas. Además, las carrozas cuentan con otras decoraciones exquisitas, fruto del trabajo de artesanos locales, como escultores, talladores de madera, herreros, tejedores, pintores y bordadores. Las tallas y adornos en barandillas, techos y postes son un legado cultural de gran relevancia en Japón.



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